Hay un elemento muy característico de la condición humana y que es la facilidad de metamorfosis en función de cada momento y circunstancia. De la euforia, la entrega y la solidaridad, pasamos al silencio y al olvido, en un corto espacio de tiempo. Es algo parecido a lo que sucede cuando alguien nos deja: mientras velamos su cuerpo y en los días posteriores, hacemos piña y nuestra casa se llena de visitas, de pésames y condolencias ; a medida que transcurre el tiempo la soledad inunda el ambiente y el dolor se torna más intenso si cabe. A los ciudadanos/as de Haití les ha pasado algo similar con respecto al resto del mundo. Desgraciadamente, un año después del terrible seísmo que lo arrasó, el país más pobre del mundo, Haití , sufre más que nunca la soledad, el silencio y la desgracia, que supone el abandono a su suerte de una comunidad internacional que se preocupa más de las bolsas y del paro, de rescates y de pagar enormes sueldos a los directivos de las grandes empresas, ante...