Pamplinas

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Si hay algo que no concibo en la puesta en marcha de la nueva Ley Antitabaco es que haya quien se la salte a la torera, independientemente de que existan razones o no para ello. Y es que los españoles somos muy dados a eso, a pasarnos por el forro de los... cualquier cosa que va en contra de nuestros intereses, independientemente de que lo haya aprobado un arco parlamentario al que hemos elegido democráticamente en las urnas, y que son quienes aprueban o desaprueban ciertas normas a las que todos estamos sujetos.

Me fastidia enormemente que en esta primera semana de vida la la nueva ley, esperada especialmente por quienes no somos fumadores (en mi caso lo fui), haya quien delante de una cámara se atreva a retar al estado, porque -insisto- la ley no es obra ni de un partido ni de otro, aunque obviamente hayan sido los socialistas los que hayan promulgado su aprobación y hayan tomado cartas en el asunto, después de varios intentos fallidos.

Contra los infractores, los incumplidores y los objetores, sencillamente aplíquense los artículos correspondientes a sanciones y no se hable más. No podemos permitir que unos pocos puedan chantajear a una amplia mayoría y puedan determinar los designios de las normas, en función de sus intereses. ¿Es que no han tenido tiempo de defender sus argumentos y de buscar las alianzas necesarias para que si hubiese sido tan mala esta ley, no haberse aprobado? No podemos tolerar ciertos flecos en las normas de convivencia y orden social, que nos hagan retroceder o avanzar en función de pataletas de una minoría . Al menos vamos a darnos un tiempo de evaluación de resultados y del impacto, con sentido común y con cierta sensatez. Lo que no puede ser posible es que haya quienes a los dos días de la puesta en marcha de la ley afirmen que esta norma les ha hecho perder el 80% de la clientela, como sucedió ayer sábado en el programa de la Noria.

Las leyes aprobadas en un estado democrático están para ejecutarlas, los gobiernos y administraciones para velar por su cumplimiento y los/as ciudadanos/as para acatarlas . Si no fuese así, esto sería un auténtico cachondeo, o al menos no hablaríamos de estado de derecho. Lo demás son pamplinas.

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