Capacidades y discapacidades

El pasado viernes, en el seno de unas jornadas celebradas en Guadalupe sobre discapacidad y emprendimiento -que tuve el honor de coordinar desde APRODERVI- conocí la vida de algunas personas que volvieron a enseñarme con su testimonio lo importante que es la autoconfianza y no arrojar la toalla por muchas dificultades que (a lo largo del camino que todos recorremos hacia el final de nuestros días) surjan y entorpezcan nuestros pasos.

Siempre comentamos en casa cuando los pequeños tienen fiebre, algún achaque propio de la niñez y nos hacen pasar alguna mala noche, lo dichosos que somos y lo banales que han de considerarse este tipo de "males" frente a problemas mayores, cuyos casos todos conocemos de una manera u otra, y que tienen que ver con algún tipo de discapacidad con la que desgraciadamente algunas personas nacen y mantienen de por vida. Otras, en cambio surgen en el camino y cambian la vida de repente y de modo radical a quienes han de adaptarse a un nuevo mundo , con enormes trabas y obstáculos de todo tipo, casi siempre por falta de una conciencia social sobre este asunto, sin darle la importancia real que tiene, y sin dedicarle la atención que merece, obviamente porque no se sufre en "carnes propias" y porque se ignora que mañana quizás cada uno de nosotros puede pasar al otro lado de la raya, por cualquier circunstancia.

Mucho camino hemos andado en este asunto, pero aún nos queda mucho por recorrer. Mientras sigamos permitiendo la construcción de barreras (arquitectónicas, físicas y psíquicas) , menospreciando a las personas por el mero hecho de tener una discapacidad y mirando para otro lado cuando la ley nos obliga a cumplir algunas normas a la hora de formular contrataciones en las empresas, seremos cómplices de un delito social que tarde o temprano acabaremos pagando.

Por eso, cuando me topo con gente tan especial y que me da lecciones de vida y de humanidad, como Ana María Rubio, Santiago Iniesta o Vicente Marín, me siento tremendamente débil, insignificante y poca cosa, ante su arrojo de cara al día a día que les ha tocado vivir y que, les hace ser personas tremendamente capaces y enormemente humanas.

Alguien decía que todos somos capacitados para algunas cosas y discapacitados para otras. Por tanto, todos somos iguales (con nuestras discapacidades y nuestras capacidades, nuestras virtudes y nuestros defectos) y así hemos de considerarnos y así ha de tenerse en cuenta en la sociedad.

0 comentarios :