Reinventarse para seguir en el camino

Alguien contaba que cuando un leñador se va al bosque, a talar árboles con su sierra, llega un momento que hay que parar a afilarla para seguir con más fuerza y con mejor filo. En la vida hay momentos de ceguera que nos absorben sin que podamos hacer nada por evitarlos. Aunque somos conscientes de ello, nuestra ambición -a veces muy ligada a la genética de algunos- nos hace vivir inmersos en una constante carrera hacia no sabemos muy bien dónde, pretendiendo copar demasiadas cosas, abarcar excesivas empresas y mostrarnos ansiosos por asuntos que solo existen en nuestra imaginación.

Un buen compañero -tristemente fallecido -me aconsejaba en alguna de nuestras últimas conversaciones que reflexionase sobre esto, que me parase a pensar y a meditar sobre qué es lo realmente interesante y qué es lo que realmente debía moverme para caminar día a día por este mundo, complejo e imprevisible. Lo decía desde una experiencia profunda y realmente entrañable.

Después de algún tiempo de reflexión y no pocas renuncias, considero que ha llegado el momento de reinventarse, de autoanalizarse y de buscar nuevas metas, nuevos caminos... posiblemente radicalmente opuestos a los que hasta ahora me conducían por la vida, o quizás paralelos. Eso sí, con un denominador común -la familia- que ha de ser estrella y guía ineludible para este periplo de optimismo y esperanza, que me haga encontrar otras metas, otros proyectos y por supuesto, encontrarme a mi mismo. Un reto apasionante, no exento de dificultades.

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