No creáis que resulta fácil participar de manera activa y con responsabilidades en un colectivo o asociación,en cualquier ámbito que imaginéis. Llevo un año y casi nueve meses como presidente de la Asociación Coral Santa María de Guadalupe, una de las entidades de más antiguedad y presencia cultural en la Puebla y Villa de Guadalupe. Desde que me incorporé hace ya algunos años, estando de director Antonio Fernández, siempre he pretendido poner lo mejor de mi para el grupo, especialmente en aquel entonces como coralista. Ahora y desde esa nueva responsabilidad y confianza que se me otorgó de manera unánime el 13 de octubre del año 2007, junto a un excelente equipo de colaboradores y un nuevo periplo de cantantes, todos ellos en buena disposición de entrega y esfuerzo, y con pocos conocimientos musicales en general, parece que esto va, poco a poco funcionando.
Este año - como también sabéis, especialmente quienes me seguís desde Guadalupe e incluso desde Ibiza, pero con raices guadalupeñas- conmemoramos el 40 aniversario de la creación más o menos formal de este coro, pues siempre ha habido en Guadalupe coros, primero de monjes, luego mixtos (monjes y gente del pueblo) y finalmente solo de vecinos y vecinas de Guadalupe. Estamos trabajando duro para ello y de hecho gracias al concurso de mucha gente podremos hacer cosas que no hemos hecho antes, al menos en los últimos años, y cuya realización podéis seguir en el blog que yo mismo escribo de este colectivo. Para mi las personas son importantes, lo más importante en cualquier faceta de la vida, y máxime en un colectivo que se nutre de personas. Yo, desde mi nombramiento intenté siempre trabajar eso de la psicología, para junto con la dirección musical poder llegar a lograr un nivel musical realmente aceptable. No es fácil. Primero, porque el hecho de no contar con músicos ni siquiera con niveles elementales de música te condiciona y segundo, porque al tratarse de una organización sin ánimo de lucro, no se puede tampoco pretender excesivo compromiso, aunque con un poquito de disciplina, incluso eso hemos logrado.
Obviamente también surjen los contratiempos y sinsabores: gente que se va del coro sin decir ni adiós, personas que aparecen y desaparecen según sus propios intereses, coralistas dispuestos a tomar el mando cuando ni siquiera han sido elegidos democráticamente para ello y ni siquiera candidataron... Todo esto, genera en mi interior no pocos y constantes quebraderos de cabeza, que se suman a las responsabilidades y compromisos rutinarios del trabajo y de la familia, que procuro -no sin dificultad- integrar y coordinar. Y todo ello sin remuneración económica alguna, tal y como se especifica en los Estatutos del colectivo, de modo que se hace real ese dicho de "cargos sin perras, son cargas".Jamás me he planteado cobrar y es más, como todos/as los/as que trabajáis en asociaciones, sabéis que incluso siempre hay que arrimar dinero del bolsillo propio.
En cualquier caso, ya me mentalicé al iniciarme en estas lides. Sabía que por el camino se iban a quedar enfrentamientos personales, pérdidas de amistades o conocidos, enemigos y detractores... Pero a pesar de todo, y por mucho que haya quien se empeñe en lo contrario, tengo que mantenerme firme en mis convicciones, "rompiendo cristales" como dice Juan Carlos Rodríguez Ibarra en el libro que leo estos días. Tengo que ser fiel a mis principios y concepciones específicas que me hicieron iniciar un proyecto para esta entidad, con firmeza y con determinación.
Si en ese objetivo, hay quien se siente fuera de lugar, pido diálogo, comprensión y sobre todo, cooperación. No me vale que se me diga "ya sabes como es la gente", "es lo que pasa cuando se pretende girar de rumbo" o "no te compliques la vida". Cuando las personas ostentamos alguna responsabilidad para con la comunidad o la sociedad, por pequeña que sea, hemos de entregarnos y de darlo todo en beneficio de la colectividad, y hemos de pensar siempre en el futuro mejor,anticipándonos incluso a los acontecimientos.
Este año - como también sabéis, especialmente quienes me seguís desde Guadalupe e incluso desde Ibiza, pero con raices guadalupeñas- conmemoramos el 40 aniversario de la creación más o menos formal de este coro, pues siempre ha habido en Guadalupe coros, primero de monjes, luego mixtos (monjes y gente del pueblo) y finalmente solo de vecinos y vecinas de Guadalupe. Estamos trabajando duro para ello y de hecho gracias al concurso de mucha gente podremos hacer cosas que no hemos hecho antes, al menos en los últimos años, y cuya realización podéis seguir en el blog que yo mismo escribo de este colectivo. Para mi las personas son importantes, lo más importante en cualquier faceta de la vida, y máxime en un colectivo que se nutre de personas. Yo, desde mi nombramiento intenté siempre trabajar eso de la psicología, para junto con la dirección musical poder llegar a lograr un nivel musical realmente aceptable. No es fácil. Primero, porque el hecho de no contar con músicos ni siquiera con niveles elementales de música te condiciona y segundo, porque al tratarse de una organización sin ánimo de lucro, no se puede tampoco pretender excesivo compromiso, aunque con un poquito de disciplina, incluso eso hemos logrado.
Obviamente también surjen los contratiempos y sinsabores: gente que se va del coro sin decir ni adiós, personas que aparecen y desaparecen según sus propios intereses, coralistas dispuestos a tomar el mando cuando ni siquiera han sido elegidos democráticamente para ello y ni siquiera candidataron... Todo esto, genera en mi interior no pocos y constantes quebraderos de cabeza, que se suman a las responsabilidades y compromisos rutinarios del trabajo y de la familia, que procuro -no sin dificultad- integrar y coordinar. Y todo ello sin remuneración económica alguna, tal y como se especifica en los Estatutos del colectivo, de modo que se hace real ese dicho de "cargos sin perras, son cargas".Jamás me he planteado cobrar y es más, como todos/as los/as que trabajáis en asociaciones, sabéis que incluso siempre hay que arrimar dinero del bolsillo propio.
En cualquier caso, ya me mentalicé al iniciarme en estas lides. Sabía que por el camino se iban a quedar enfrentamientos personales, pérdidas de amistades o conocidos, enemigos y detractores... Pero a pesar de todo, y por mucho que haya quien se empeñe en lo contrario, tengo que mantenerme firme en mis convicciones, "rompiendo cristales" como dice Juan Carlos Rodríguez Ibarra en el libro que leo estos días. Tengo que ser fiel a mis principios y concepciones específicas que me hicieron iniciar un proyecto para esta entidad, con firmeza y con determinación.
Si en ese objetivo, hay quien se siente fuera de lugar, pido diálogo, comprensión y sobre todo, cooperación. No me vale que se me diga "ya sabes como es la gente", "es lo que pasa cuando se pretende girar de rumbo" o "no te compliques la vida". Cuando las personas ostentamos alguna responsabilidad para con la comunidad o la sociedad, por pequeña que sea, hemos de entregarnos y de darlo todo en beneficio de la colectividad, y hemos de pensar siempre en el futuro mejor,anticipándonos incluso a los acontecimientos.



