Volar muy alto
Hace unos días me sentí realmente privilegiado cuando desde Guadalupe y de camino hacia Mérida me encontré con un grupo de grullas madrugadoras que me regalaron una imagen de ensueño que nunca olvidaré y que me hicieron por momentos considerarme superior a mucha gente, por ejemplo a quiénes por motivos de trabajo o de otro tipo tienen que atravesar las grandes urbes de este país, sin percibir ni un ápice de autenticidad y de sosiego, e inmersos en un grado de actividad exagerado y para nada recomendable. La imagen que aquel día tuve la fortuna de retener en mi interior no es para nada casual y es, desde mi punto de vista, una de las ventajas que esta Extremadura, mayoritariamente rural, ofrece a quiénes la transitan con esa disposición al disfrute y a la tranquilidad. Afortunadamente las grullas no están solas y junto a esta especie otras muchas -como los buitres leonados y negros en el “Salto del Gitano”, las cigüeñas en Brozas, los cernícalos primilla en Almendralejo y Trujillo, lo...