La cultura y tradición rurales

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Hace unos días, el maestro y alcalde de Villar del Pedroso, Eduardo Villaverde, dudaba sobre si este año, el “Carnaval de Ánimas” de su pueblo, saldría o no a la calle, lamentándose y resistiéndose a permanecer de brazos cruzados ante la agonía que parecía padecer tan insigne festejo. Afortunadamente hoy, en mis manos leo con detenimiento un folleto que en torno a este singular evento se ha editado, con un programa sugerente y con un contexto ilusionante, que hace pensar que es posible mantener viva esta particular fiesta.

Estamos sin duda ante uno de tantos escollos en los que se sumerge, a veces sin retorno, la cultura rural, que no exenta de factores de autenticidad y originalidad en muchos casos endémica, parece dejarse llevar por otras formas de expresión modales que falsamente denominadas “vanguardias” generan un cúmulo de procesos sociales que desembocan en muertes de identidad, en pérdida de valores y tradiciones ancestrales, y sobre todo contribuyen a borrar la historia de los pueblos, como si se tratase de una emancipación brutal de unos orígenes que a buen seguro les caracterizan e identifican.
Entiendo que las circunstancias actuales y el nuevo contexto social en el que se abre camino la Iglesia -principal abastecedora de tradiciones en el mundo rural- no son los más adecuados para poner en valor este tipo de manifestaciones y expresiones populares. Sin embargo, a pesar del distanciamiento que hoy existe, creo que se deben resaltar otros aspectos en el ámbito de la gastronomía, la música, la etnografía y las relaciones sociales, que en su conjunto componen un acervo cultural y un patrimonio rural, que por nada debemos dejar morir. Ese es sin duda uno de los retos con los que se enfrentan los pequeños núcleos rurales. Su puesta en valor y su divulgación son, entiendo yo, una nueva oportunidad de desarrollo y de generación de expectativas en las zonas menos favorecidas de Extremadura

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