El hito Tomás Gómez

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Ya hablé de ello en mi post "Arde Troya" y ahora si cabe, debo retomar el asunto con mayor capacidad de reflexión y de autocrítica. Me refiero a los acontecimientos que se han venido desarrollado en los últimos tiempos en la Federación Socialista Madrileña (FSM), que aunque puedan parecer lejanos o distantes para quienes vivimos en una región como Extremadura, no lo son en absoluto. Son hechos muy importantes que han de tenerse en cuenta en el seno de un partido político como el PSOE, donde la pluralidad y diversidad de pareceres y opciones siguen siendo uno de sus potenciales ideológicos.

La victoria de Tomás Gómez es en mi opinión un punto de inflexión que debe hacernos reflexionar a todos/as los/as socialistas, especialmente en lo concerniente a lo que son y lo que deberían ser los procesos de elección de candidaturas y de cualquier tipo de cargo político en las instituciones democráticas. El aparato del partido puede resultar efectivo y eficaz en momentos puntuales, pero no tenemos que olvidar como muy bien dice Ignacio Escolar en su blog, que los partidos políticos deben ser un ejemplo de democracia, y por ello se hace necesario -allá donde sea preciso y necesario- un cambio de estrategia y si fuera necesario, una regulación más contundente aunque supusiera un ejercicio de debate interno, y por supuesto una movilización de todos/as y cada uno de los/as militantes de base, con los que desgraciadamente no se cuenta demasiado, más allá de momentos puntuales y en tareas concretas generalmente relacionadas con motivos electorales.

Hoy día que se existen canales rápidos , gracias a las redes sociales y a Internet, no existen escusas para el hermetismo y para la falta de transparencia. Los/as ciudadanos/as están en perfecto estado de control y evaluación constante. La militancia, también. Nada más recomendable que la participación y el fortalecimiento de las bases de un partido político, para movilizar y poder compartir proyectos comunes.

Las imposiciones en un sistema democrático siempre serán mal vistas, independientemente de que salgan bien, pues al final siempre se genera discordia, división, ruptura... Algo a lo que es posible que estén acostumbrados los partidos políticos, pero que dejan huella, y a veces incluso, provocan excesiva desconfianza.

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