Competitividad agraria

Mañana participo en unas jornadas técnicas sobre el olivar y el aceite de oliva en la comarca de Villuercas,Ibores y la Jara. Organizadas por APRODERVI y CTAEX, este encuentro pretende lanzar algunas claves para el futuro de este sector en la zona, además de dar a conocer los resultados de varios proyectos de investigación que pretenden mejorar el sector en Extremadura en general y en nuestro territorio en particular.

A raíz de esta jornada y extendiéndome en un contexto más amplio, quiero compartir con vosotros/as algunas reflexiones que sobre la agricultura de montaña o en zonas más o menos desfavorecidas, pudieran ser del interés general o al menos formar parte del debate que sobre el futuro de la agricultura europea y por tanto, extremeña, se viene desarrollando en los últimos años.

Tengo que comenzar afirmando que en territorios como Las Villuercas, en los que las condiciones orográficas y entorno natural no posibilitan una agricultura de gran dimensión y alta rentabilidad, la convivencia entre lo que se ha denominado "diversificación económica" y la agricultura tradicional son totalmente necesarias para el sostenimiento de unas poblaciones pequeñas y de un modelo de ruralización muy consolidado.

La competitividad de una agricultura poco desarrollada pasa pues por no producir más sino mejor y con un valor añadido muy superior. En ese camino el primer paso - y para ello hay enormes oportunidades- es poner en valor los productos, apostar por la calidad y sobre todo por la autenticidad, no pretendiendo importar modelos de espacios diferentes, ni siquiera métodos que en un momento determinado puedan estar en auge.

La agricultura y ganadería de montaña, serán aquello que sus actores directos (agricultores y ganaderos) quieran que sea. Resulta fundamental por tanto que la formación y la información llegue a todos y cada uno de los rincones, a cada pueblo, a cada pedanía. Eso significa invertir mucho dinero en las personas y en mejorar sus capacidades, explorar el talento y sacar lo mejor de cada uno. Se trata en definitiva de estimular y sensibilizar a los productores, sobre esa necesaria autenticidad, distinción o segmentación del territorio. Para ello, no basta con organizar cursos o jornadas, sino que se hace necesario establecer canales de comunicación y de participación entre los propios implicados y entre todas las partes que de alguna manera intervienen en el proceso, para transferir experiencias, resultados, éxitos y fracasos.

Para mi la competitividad agraria de la que tanto se habla ahora- sumada a otros conceptos como la innovación- pasa por catalogar o poner en valor los productos de un determinado territorio, mediante la implicación de las personas que desde el territorio participan en algún momento de su ciclo de vida, y mediante la integración de las capacidades y el talento común. A este valor intangible debe sumarse el esfuerzo de la política en apoyar aquellas inversiones estrictamente necesarias y en aportar aquellos conocimientos o tecnologías que acompañen el proceso.

Siempre fui de la opinión que nadie de fuera viene a resolver los problemas de uno si no existe algún tipo de interés. La agricultura y la ganadería son necesarias, pero más necesarias son las personas a las que hay que mimar y cuidar, y sobre todo a las que hay que escuchar y acompañar más de cerca, porque en ellas está la clave y el futuro de los territorios agrícolas y/o rurales.

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