El matrimonio como vocación

Hoy se cumplen 8 años desde que me uní en matrimonio a Ana. Lo hice en Guadalupe y ante la Patrona de Extremadura, convencido y con las ideas muy claras sobre qué tipo de matrimonio queríamos, y sobre cuáles eran nuestras aspiraciones a la hora de sellar nuestra relación, espero que para siempre. Aquel día, fue junto con el nacimiento de nuestro hijo, uno de los más hermosos de nuestras vidas.

Hoy día, existen muchas formas de uniones entre personas en función del sexo y opción sexual, y también en función del rito que se desee utilizar para establecer la unión pública de dos personas que se quieren y desean conformar una familia. Respeto la libertad de elección, como respeto las diferentes formas que cada cual elija a la hora de casarse, como quiera y con quien quiera. Evidentemente, yo tengo mi propia visión y esa es precisamente la que me llevó al altar en una iglesia católica, con un sacerdote y con un rito en el que creo y con el que me siento identificado, que no es otro que el sacramento del matrimonio católico.

Independientemente del rito y la forma, es importante destacar -y así se lo transmito a quienes quieren abordar el matrimonio- que la vida en pareja de hecho y derecho, bajo el paraguas del matrimonio, no es fácil. De la misma manera que en la vida existen vocaciones, el matrimonio también lo es, necesita de una alimentación constante en valores, y un esfuerzo diario de convivencia, tolerancia, solidaridad. Me sorprenden mucho algunas opiniones, de gente de mi entorno, que afirman vivir en una eterna luna de miel, cuando quienes practicamos por vocación y confiamos plenamente en este modo de vida, familiar y entrañable, sabemos de las sombras y de las dificultades que también las hay. No todo es un camino de rosas y en eso, precisamente en salvar y superar obstáculos, estriba la vocación a la que antes me refería.

En cualquier caso, después de 8 años, no me arrepiento de nada de lo que he hecho, y si pudiera volvería a casarme otra vez y con la misma persona. Espero, por tanto, que dentro de algunos años, pueda seguir opinando lo mismo, eso significaría que aún mantengo vivo el espíritu del matrimonio, la perseverancia y por supuesto, la vocación.


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