El agroturimo, la alternativa posible

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La diversificación económica que se está produciendo en el mundo rural , motivada por la pérdida de población y la aplicación de políticas europeas restrictivas y controladoras, ha generado un nuevo concepto de turismo en el espacio rural, denominado agroturismo, término que aún no estando contemplado en el diccionario de la Real Academia Española, y que tiene diferente concepciones según el país en el que se ubique, y dentro de este existen divergencias en función del espacio natural o comarcal en el que se desarrolle. Se trata de una actividad globalizada y mundializada, distribuida a lo largo y ancho del planeta.


Gemma Francès y Marisa Méndez, de la Fundación Empresa y Ciencia, definen el agroturismo como “ aquel turismo que se relaciona directamente con las explotaciones agrarias y que actúa como complemento de la renta de los agricultores (SGT,1993). Es por tanto, un tipo de oferta concreta de turismo rural (Generalmente y como diversos autores han señalado (Dernoi, L.A.; 1983; Fleischer at al., 1997; Mason, P. et al.; 2000, Weaver et al.; 1997) se suele identificar erróneamente el agroturismo con el turismo rural. El turismo rural es un concepto dinámico fruto de la interacción de dos tendencias, una económica -crisis económica de las zonas rurales- y otra social -las nuevas demandas de la sociedad post-industrial- que confluyen en un ámbito espacial concreto, las zonas rurales. El turismo rural corresponde por tanto, a un modelo general donde el agroturismo es una parte pequeña. ) . Es importante remarcar este aspecto ya que el agroturismo parte de una problemática muy concreta -la crisis agraria de las zonas rurales, especialmente las más marginadas- y se estructura dentro de unos parámetros de gestión empresarial particulares -la explotación familiar de pequeña dimensión- (Getz, D. & Carlsen, J.; 2000) que repercuten de manera específica en su operativa y desarrollo (OCDE, 1994; Reichel, A. et alt., 2000). Estos factores particulares hacen que las caracterizaciones y recomendaciones surgidas no puedan ser extrapolables a todas las tipologías asociadas con el turismo rural”


A nivel europeo destaca por cantidad, calidad y tradición el país vecino, Francia, donde existe una buena organización de esta actividad, en la que se integran de manera obligada alojamiento, restauración y actividades agrarias, además de otras actividades, directa o indirectamente, relacionadas con aquellas como son la artesanía o la elaboración de productos agroalimentarios tradicionales. En España, comunidades autónomas como País Vasco, Asturias, Cataluña o Navarra, son los destinos más competitivos, con diferentes definiciones.

Extremadura, mucho por hacer.

La comunidad extremeña posee una importante oferta del denominado turismo rural, muy localizada en áreas concretas y con un crecimiento considerable en los últimos diez años, fundamentalmente debido a la implantación de programas de desarrollo rural, LEADER y PRODER, que han posibilitado el apoyo económico a las iniciativas surgidas. Sin embargo, la especialización agroturística, tal y como se entiende en otras zonas de España e incluso en otros países, está lejos de alcanzar los niveles y grado de oferta, motivada por una falta de normativa específica desarrollada (el título III del Decreto 120/1998 lo considera parte del alojamiento en el medio rural) y de programas específicos de apoyo y estímulo a los agricultores y ganaderos, preocupados más de las subvenciones al alojamiento que de diversificar su economía en actividades complementarias como lo pueda ser la oferta de participación en faenas y labores propias del mundo agropecuario.


A pesar de esta escasa presencia en el territorio, existen buenos ejemplos de establecimientos que ofertan el agroturismo como una marca de identidad y de calidad, localizados mayoritariamente en las sierras de la provincia de Cáceres y que tienen una aceptación considerable, fundamentalmente para familias con hijos pequeños situadas en grandes urbes, que buscan en estos lugares la tranquilidad propia del medio rural, acompañada con el conocimiento y profundización en los valores culturales ligados al terruño, y en muchos casos el reencuentro con las tradiciones agrarias más ancestrales.

En los próximos años es posible que el turismo rural que se hace en Extremadura se decante más hacia este tipo de turismo, otorgándole un mayor peso a las actividades agropecuarias y creándose lo que se denominan cadenas o concatenados agroturísticos, que no son sino establecer correlaciones entre diferentes sectores económicos (agrícola, turístico, industria agroalimentaria, artesanía...) de modo y manera que se integren en una misma oferta, diseñándose y ofertándose paquetes turísticos específicos que permitan crecer económicamente varios sectores de manera paralela. Eso supone por ejemplo que en un entorno rural, en un espacio físico muy localizado será posible alojarse en una explotación ganadera, disfrutar y participar de sus actividades y también poder adquirir los productos elaborados de la misma (queso, embutidos, huevos, etc.) todo ello con una determinada marca comercial protegida y de calidad.