El negocio redondo de las funerarias

Siento vergüenza ajena, a la que se le suma una profunda indignación, ante uno de los hechos que según me cuentan se vienen repitiendo en nuestro país y que obedece al hecho de que hay quien pretende hacer negocio, a veces rozando el delito, con la muerte de las personas. Acompañado a un amigo en un tanatorio cercano a Guadalupe, mientras velábamos a su padre fallecido en trágicas circunstancias, me contaba como unos señores que viajaban en una funeraria carecían de escrúpulos y de dignidad. En pleno desplazamiento del féretro hacia el lugar en el que se le iba a realizar la autopsia, acompañados por algunos familiares, no se les ocurre otra cosa que parar a comer en un restaurante de carretera, dejando a su padre como si de un animal se tratase. La segunda cuestión es que de regreso al pueblo le quisieron imponer la compra de una caja, flores y otras cuestiones de esas. Menos mal que, el protagonista de esta historia, tuvo el coraje y el valor para enfrentarse a estos "listillos" y logró que no le saliese la broma por un pico.

Imaginaros qué no harán estas compañías y sus trabajadores con personas débiles y sin su plena consciencia en esta situación. Miedo me da pensarlo.

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