Batalla contra el cambio climático

No sé que tiene que pasar en nuestro planeta para que esta evidente metamorfosis que sufre nuestro clima forme parte y se instale en nuestras conciencias. La muerte y destrucción que con mayor frecuencia dejan los efectos del cambio climático, a los que se unen otros factores sociales relacionados con la pobreza, no cesan y parece ser, según se nos viene vaticinando desde la comunidad científica, que esto va a más. Tiene que existir una mayor firmeza en el compromiso, no sólo sobre el papel sino también sobre el terreno, por ralentizar y si es posible paralizar esta curva creciente que nos conduce hasta cierto cataclismo, iniciado hace algunos años.

Los compromisos asumidos por los gobiernos a través de las diferentes reuniones o convenciones dejan mucho que desear en cuanto a su fiabilidad y a su aplicación real. A pesar de ello en este país parece haberse iniciado un frente político serio, que ha establecido unas líneas estratégicas y unas medidas urgentes para atajar desde varios ámbitos este problema sobre el que no se puede frivolizar. Ahora bien, a pequeña escala, cada uno en su casa y dentro del ámbito del consumo de energía familiar, no hemos asimilado o al menos nos parece un problema demasiado distante, quizá más en el ámbito rural que en el urbano. Tal es así, que superponemos nuestros intereses personales a los globales, nuestra comodidad y bienestar al futuro de nuestros hijos.

Realmente, somos egoístas y me gustaría que esto cambiase, con algunas soluciones que no sean esas de las que siempre echamos mano, como utilizar bombillas de bajo consumo, poner la lavadora lo estrictamente necesario, y todo ese catálogo de medidas que siempre se nos recomiendan y que procuramos cumplir. El compromiso, creo sinceramente, pasa por asumir medidas de ahorro colectivas, desde una comunidad, pueblo, barrio o ciudad, implicando a todas las personas que integran la cadena del consumo de energía y haciéndoles ver con resultados concretos que este nuevo reto es posible.

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