Crónica de una muerte anunciada

Quiénes me conocéis de verdad sabéis de mi pasión por la política y también de mi enorme compromiso e implicación con todo lo que suponga el progreso de Guadalupe, de sus vecinos y vecinas. Lo he puesto de manifiesto -y lo sigo haciendo- en todos los colectivos sociales a los que he pertenecido y pertenezco en este pueblo, intentando siempre dar un paso más para poder alcanzar metas insólitas y buscando la excelencia que creo merece este pueblo y sus habitantes, por lo que significa y representa.

A estas alturas todos los que me acompañáis en este espacio, leyendo cuando podéis mis opiniones y reflexiones, tenéis ya perfectamente definido mi posicionamiento político y sabéis a qué bando pertenezco. Nunca lo oculté y además, me siento orgulloso de ser totalmente transparente y abierto a la hora de manifestar sin tapujos mi militancia en el PSOE y de poder compartir esta con muchas personas, siempre desde el respeto a la discrepancia y a la diversidad de ideas.

En esta última semana el gobierno de nuestro pueblo se tambalea y se resiente por la incapacidad de algunas personas de tomar conciencia de lo que supone lo público y el servicio hacia la ciudadanía. Lo hace -en mi opinión- por la falta de escrúpulo que se tiene cuando se dejan al margen las aspiraciones colectivas y el bienestar de los ciudadanos para lograr otras metas de tipo personal, las cuales, al final acaban lastrando las aspiraciones y el potencial de todo un pueblo que acaba perdiendo la batalla. En definitiva se pierde un tiempo hermoso que nos daría madurez y consolidación hacia el progreso y el  bienestar que debiera ser el rumbo marcado por la brújula de la política y los políticos.

A poco que analicemos la evolución de los acontecimientos podemos afirmar con cierta rotundidad que se trata de una profecía hace tiempo anunciada, y que en cierto modo esta crisis de gobierno local era de esperar en algún momento determinado, cuando se parte de posiciones y de estrategias sin definir y sobre todo cuando para algunas personas el único objetivo era derribar al rival a toda costa más que pensar en el presente y futuro de un pueblo, y de las nuevas generaciones que vienen detrás y cuyo porvenir depende en buena medida de ello.

Parecía lógico pensar que ante unos resultados electorales en minoría, con tres fuerzas políticas sin el peso suficiente para gobernar se hubiese planteado una estrategia de consenso y de concertación, de unidad y de esfuerzo común, algo que a juzgar por los hechos acontecidos parece no entraba en ninguna de las agendas de viaje de ninguna de ellas. Eso ha provocado en buena parte esta clara deriva hacia ninguna parte, este desvanecimiento de lo público y del interés colectivo que debiese ser mucho mayor en un contexto socioeconómico como el que en estos momentos tenemos en nuestro país.

Sinceramente no sé como acabará todo esto,pero lo que si creo con absoluta franqueza es que los ciudadanos no merecemos que se libren batallas encarnizadas de una guerra de intereses que para nada tienen que ver con los que, hoy por hoy, necesitamos.

Por mi parte, y desde la responsabilidad que me toca, intentaré que prevalezca siempre el sentido común y la coherencia.

Buena semana para todos/as.

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