Dignificar y compartir la política

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Esta mañana - como de costumbre- mientras me tomaba un zumo y visionaba las noticias en televisión, he comprobado como los primeros minutos del informativo se dedicaban a un viejo, pero persistente problema en nuestro mundo globalizado: la corrupción política. Esto, en cierto modo ha desatado el abandono de un letargo creativo en el que personalmente estaba inmerso, que me ha hecho retomar mi actividad bloguera y reivindicativa, para reflexionar sobre el mismo y para expresar algunas opiniones que tengo al respecto.

Hay evidencias, extremadamente nítidas, que nos indican que la política y especialmente quienes se dedican a ella, atraviesan unos pésimos momentos de popularidad, de credibilidad y de confianza. Obviamente esto no es algo nuevo, y es un hecho que se viene produciendo especialmente y de manera creciente, desde que nuestro país entró en crisis y empezaron a surgir los graves problemas que esta ha generado en las personas, especialmente el desempleo y la pérdida de algunos derechos importantes sobre los que se ha construido nuestra joven democracia y que parecen estar en un proceso grave de regresión. Esto también fue uno de los aspectos reivindicativos más importantes del denominado movimiento 15M.

Soy de los que piensa -y así lo he manifestado en algunas ocasiones- que la política se hace mucho más necesaria cuando existen problemas acuciantes que resolver a los ciudadanos, como son los que se están generando en el contexto de esta crisis económica y financiera, también social, que nos azota con fuerza. Sucede que para ejercer la política son necesarias las personas, y que las personas las hay más fuertes y más débiles, honradas y sinvergüenzas, honestas y corruptas... Parece lógico pensar entonces que si ya de antemano se conoce la existencia de un problema y que las personas que ejercen la política por el mero hecho de ser personas, tienen cierta probabilidad de caer en la tentación o cometer ciertos errores, la cuestión es que hemos de marcarnos algunas pautas, o buscar ciertos mecanismos de control que nos permitan evitar o corregir este tipo de comportamientos.

Está claro que conceptos como la transparencia empiezan a ser imprescindibles de cara a un nuevo modelo de política y de político. Pienso que existe un principio fundamental para que la política se escriba con mayúsculas que no es otro que  "estar al servicio de los ciudadanos", algo que parece se está perdiendo cuando surgen casos de corrupción que nos indican que este principio se cambia por el de "estar al servicio de los políticos" o también como sucede actualmente con muchos gobiernos, y sus políticos "estar al servicio de los mercados" o "de los bancos". Posiblemente sea cuestión de principios, o quizás no, pero lo que parece evidente es que el primero al que me he referido es seguramente el dogma más importante por el que entiendo debería  regirse la política y los políticos.

Servir al ciudadano es tomar conciencia de que son ellos quienes eligen democráticamente a sus representantes y por ello hay que mantener viva la confianza, no sólo durante cuatro años cuando ejercemos el voto, sino durante todo el tiempo que dura el mandato, que no es sino el periodo en el que la misión que se les encomienda permanece abierta. Por todo ello, un nuevo modelo de política pasa seguramente por mantener estructuras y fórmulas de diálogo permanente con los ciudadanos, en abrir espacios de participación que alimenten esa relación y que la fortalezcan, que sirvan para tomarle el pulso a la calle y planificar desde la base, en eso que en desarrollo rural denominamos "enfoque de abajo a arriba" y que no es otra cosa que hacer la política desde la base social, desde la necesidad del ciudadano y con la participación del ciudadano, incluso supervisando la acción política del político, de modo que puedan corregirse desviaciones y distorsiones del principio al que me vengo refiriendo en estas líneas.

Otra cuestión importante, y que seguramente atañe a los partidos políticos es articular medidas o normas concretas a la hora de seleccionar a las personas que en representación de sus siglas van a ejercer puestos de responsabilidad en la vida pública, en ese espacio compartido de todos los ciudadanos en el que se establecen las denominadas relaciones administración-administrados. Hace tiempo Juan Carlos Rodríguez Ibarra hablaba de estudiar la vida laboral de los candidatos, algo a lo que también se ha referido muy recientemente Esperanza Aguirre, y que son opiniones que pretenden reivindicar que se evite en lo posible que haya personas que hagan de la política una profesión y que se conviertan en verdaderos buitres de lo pùblico y de todo el conglomerado de relaciones que emanan de ello, y que se ha demostrado es un potencial cultivo de corrupción.

Es sin duda un enorme reto al que nos enfrentamos todos los ciudadanos, y por el que debemos luchar, todo ello en aras de mejorar nuestra democracia y también nuestra sociedad.


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