Mujeres rurales

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Ayer se celebraba el Día Internacional de las Mujeres Rurales. Quiénes me conocéis bien sabéis que no gusto de referirme a este tipo de conmemoraciones, porque entiendo que determinadas causas son de tal importancia que son necesarias los trescientos sesenta y cinco días de cada año, para al menos llamar la atención y concienciar al mundo sobre la importancia que tienen y sobre las dificultades que -como en esta ocasión- suelen acompañar a este colectivo, primero por ser mujer y después, por haber decidido vivir en el medio rural, con todo lo que ello conlleva. Me explico:

A pesar de los tímidos avances que la mujer ha tenido con respecto a algunas cuestiones donde los hombres teníamos la exclusividad aún sigue existiendo una gran desigualdad, que hace necesario seguir progresando en aspectos como la conciliación de la vida profesional y familiar, en el acceso a determinados puestos de trabajo en las organizaciones de todo tipo, en la igualdad salarial, la participación social, la formación y en la rotura de estereotipos y roles establecidos para el colectivo de la mujer.Parece evidente que todos estos problemas se tornan de mayor dimensión en el ámbito rural, donde ser mujer significa potenciar en algunos casos los estrangulamientos con los que se encuentra este colectivo, pues suele ser más complicado conciliar la vida profesional y laboral, acceder a la formación y al empleo con cierta remuneración, ejercer ciertas profesiones con estudios universitarios y acceder a determinadas fórmulas de participación en las que con demasiada frecuencia se piensa en masculino y se excluye al colectivo de la mujer.

Mi felicitación a todas las mujeres, vivan o no en el medio rural, aunque en esta ocasión me centre en las rurales, protagonistas indiscutibles de este medio como madres, como trabajadoras, como compañeras, como emprendedoras y sobre todo como MUJERES. Y por supuesto a la madre de mis dos hijos, Ana Isabel.
 




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