Retener valor añadido para crear empleo

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Ayer conocíamos los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2012. Todo un récord de cifras -la mayor de la historia de nuestro país- que nos sitúan en una tasa de paro del 25%, con 5.778.100 personas sin trabajo, y que empiezan ya a provocar enormes problemas de pobreza y exclusión social.

Llama poderosamente la atención como quienes abanderaron en Extremadura el eslogan electoral "lo primero el empleo" siguen - catorce meses después sin mejorar la situación, y a las cifras me remito: 52.000 parados/as más en un año en Extremadura, que supone 167.000 paisanos/as sin curro, en algunos casos familias enteras. A  pesar de esta sangría y de un contexto desolador del desempleo en Extremadura, algunos políticos combaten este panorama generando empleo pero para "los suyos", como esta semana nos desvelaba el Cofidencial Autonómico con un nuevo gabinete de asesoramiento a la Presidencia con 18 puestos de libre designación. No pongo en duda que sea necesario, pero al menos coherente no me lo parece tanto, como tampoco me lo parecía en épocas pasadas cuando gobernaba el PSOE.

Está claro, que al menos con los mimbres que tenemos, resulta complicado pensar en que esto pueda mejorar. Razones para afirmarlo me sobran, y nadie puede ignorar las cifras que cantan por sí solas. Desde que en febrero de este año se aprobase la reforma laboral y en este país estemos sometidos a otras voluntades económicas y políticas, ajenas a los ciudadanos, el ciclo en el que los gobiernos han entrado parece estar viciado y sin indicios de mejorar en el corto y medio plazo.

Y como creo que no sería justo ni generoso por mi parte predicar sin dar trigo, quiero aportar algunas reflexiones, con un ejemplo concreto en mi comarca y más concretamente en mi pueblo:

Sinceramente, en mi humilde opinión esta situación sólo es posible mejorarla en Extremadura  desde el emprendimiento y en estos momentos en sectores muy concretos, entre los que destaco la agricultura y la ganadería, como generadores de materias primas para el sector de la alimentacón, de ámbito global y con un mercado internacional, que necesita abastecerse cada vez con mayor volumen de alimentos.

Esta semana he participado, junto a técnicos, empresarios, cooperativistas y también responsables políticos de la Administración en un seminario sobre el castaño en Guadalupe, donde se ha puesto de manifiesto el potencial de este cultivo en la comarca de extremeña de Las Villuercas, y por tanto en Guadalupe, uno de los municipios de mayor volumen de producción.

La castaña de este pueblo, la conocida como "verata" es una de las de mayor calidad que existen en Europa. No lo digo yo lo dicen los expertos, y de un modo concreto lo avalan las decenas de compradores que cada año llegan a la zona para pujar por el preciado manjar. Ese es el problema, que el valor añadido de este producto extremeño y villuerquino se marcha a otras zonas como Galicia o León, y desde allí a países como Italia.

Esa pérdida de valor añadido tendría que remover las sensibilidades y también llamar a la unidad y esfuerzo colectivo para empezar a emprender nuevas oportunidades de negocio y por lo tanto, generar empleo, que es de lo que se trata. ¿Cómo? Creando empresas de transformación y obteniendo nuevos productos y servicios relacionados con el sector: industrias alimentarias (repostería, piensos, harinas...), empresas de actividades turísticas y agroturismo, y también empresas agrícolas (viveros ).Ahora bien, el papel de la Administración Pública debería ser el de servir de catalizador de este tipo de inicitivas, mediante el apoyo a quienes emprenden estos negocios, tanto en la incentivación para la realización de las inversiones, como en la formación y el empleo de los trabajadores que se necesitan para ello.

Cualquiera que mire a su alrededor, especialmente en cualquiera de las comarcas de nuestra Extremadura rural, podrá visualizar e intuir potenciales similares en productos agrícolas o de otra índole, donde desgraciadamente el valor añadido sigue emigrando de la misma manera que las personas emigraron y lo siguen haciendo, en esta Extremadura de principios del siglo XXI.




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