El descrédito de la política

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Ayer conocíamos a través de los medios de comunicación un hecho insólito y a la vez revelador: la desconfianza de los ciudadanos en la clase política. Esta noticia se sustenta en el barómetro del CIS que corresponde al mes de septiembre y que nos indica que,  el 73,2% de encuestados califica de "mala" o "muy mala" la situación política. Además,  la percepción  negativa de los ciudadanos con respecto a esta se incrementa de manera progresiva.

Personalmente pienso que los ciudadanos tienen toda la razón del mundo, por un argumento muy sencillo, si queréis de perogrullo, y  que no es otro que por "alejarse del interés general de la ciudadanía". Parece evidente que desde que se inició la crisis económica y de manera creciente, la clase política -por diversas circunstancias- no ha sabido dar respuesta al cúmulo de problemas y a las graves consecuencias que los ciudadanos en general estamos sufriendo, poniéndose incluso del lado de los más fuertes (banqueros y mercados) abandonando ideologías, dando la espalda a promesas electotales, todo ello a costa de satisfacer ciertas exigencias de aquellos. Igualmente, la legitimidad que la mayoría en las urnas les otorga les relaja en exceso. Si a esto se le unen la cantidad de casos de corrupción, las malas prácticas en la gestión de recursos públicos y el mal ejemplo que en demasiadas ocasiones nos ofrecen determinados políticos,  la situación resulta tremendamente preocupante.

Hay algunos aspectos que en mi opinión podrían colaborar a mejorar esta percepción. Pienso que la política en tiempos como los que nos ha tocado vivir,  se hace si cabe,  más imprescindible y necesaria, eso sí, con los matices que paso a detallar:

- La evaluación continua de los políticos a través de exámenes semestrales, anuales, bianuales, etc... sin que tengan que pasar cuatro años, máxime cuando existe una mayoría parlamentaria que provoca situaciones de abuso de poder y cuya tendencia natural es el ordeno y mando, más que el gobierno.
- Cambios en las leyes electorales que permitan una mejor representatividad en el arco parlamentario y con sistemas de control eficaces y especialmente punitivos con quienes cometen delitos por corrupción.
- Gobiernos abiertos, que permitan la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones, lo cual es muy sencillo con los avances tecnológicos que tenemos. Además, creo que este aperturismo es fundamental para avanzar en la democracia, intentando conjugar la democracia representativa con la participativa.

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