La penitencia para Dívar

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Tengo que reconocer que soy de las personas que defendió en su momento, incluso en este mismo espacio, el nombramiento de Dívar como Presidente del Consejo General del Poder Judicial. Lo hice sobre todo, para demostrar que el ser católico no estaba reñido con un cargo de tal relevancia y que lo realmente importante era su trayectoria profesional. Hacía mención en aquel post a esa frase bíblica "Por sus hechos les conoceréis", y inspirado en ella, me dispongo a comentar y manifestar mi opinión sobre los hechos que han puesto en tela de juicio al máximo representante del poder judicial.


Vivimos malos tiempos para los políticos y para todo lo que esté directamente relacionado con ellos. Este último caso de corrupción, ha vuelto a suscitar el debate social que cada vez con mayor frecuencia se produce entre la ciudadanía . Dívar debió haber dimitido antes, y eso es lo que habría que reprocharle. Lo debía de haber hecho en el momento en que un juez, miembro del consejo, lo denunció y lo puso en conocimiento de la opinión pública, porque como se está demostrando él -mejor que nadie- sabía lo que había hecho mal. No se entiende que se pueda perder la honestidad por este tipo de actuaciones, que según el sistema judicial español no son constitutivas de delitos, para sorpresa de la ciudadanía de a pie, y para mayor desconfianza en los poderes democráticos, en este caso el judicial.

Hace pocos días escuchaba a alguna persona decir aquello de "el poder corrompe", y aunque no se puede generalizar, a juzgar por este y otros muchos casos que han visto la luz, tiene pinta cumplirse en un porcentaje determinado. Dívar ha caído en la tentación del diablo . Él, un hombre profundamente católico, que ha sucumbido a la corrupción, debe pedir perdón como lo hacemos todos los cristianos, hacer un profundo propósito de enmienda y cumplir su penitencia, que debe ser además de su dimisión, devolver cada uno de los euros que ha utilizado en beneficio propio. Sólo así, tendrá el perdón de todos y habrá cumplido como buen cristiano, y mejor ciudadano demócrata.

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