El círculo de la vergüenza

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Cada vez que oigo o leo que a un banco o entidad financiera se le da dinero público, se me revuelve el estómago. Me fastidia enormemente que mi dinero, ese que pago religiosamente a través de los impuestos y otro que de manera indirecta se me cobra en otras operaciones y tasaciones, vaya a parar a una de las mayores calañas que pueblan el universo. Y no me refiero con esta afirmación a los trabajadores sino más bien a los directivos, a esa clase protegida que siempre acaba llenándose los bolsillos, especialmente con las jubilaciones y que, parece estar inmunizada ante las terribles consecuencias que algunas de sus gestiones están acarreando a la economía y especialmente a los ciudadanos más débiles y necesitados, y también la clase trabajadora.

Puse el grito en el cielo cuando Zapatero -al comienzo de la crisis- inyectó dinero a la banca, lo hice posteriormente y lo haré cada vez que esto suceda. Lo hago fundamentalmente, porque desde mi ignorancia económica, me duele sobremanera que la clase política haya sucumbido al interés del capital, ese que manejan unos pocos y que arrastran al resto, llevándose derechos sociales, empleo y por supuesto vidas. No es de recibo que sigamos alimentando este círculo vicioso, un círculo de "vergüenza e indecencia" que parece no tener fin y que sigue generando más desigualdad, más desconfianza y más desestabilidad social que nunca.

Si a este ciclo, en el que parece haber entrado Europa, se le añaden otros elementos como la falta de transparencia y especialmente la permanente exculpación a la que parecen estar sometidos los causantes, con nombres y apellidos, no podemos por menos que activar nuestro espíritu de rebeldía e indignación frente a una nueva persecución histórica, una nueva forma de opresión que pretende acabar con los más débiles y que nos conduce a una difícil situación.

Basta ya de que quienes nos han llevado a esta situación sigan yéndose de rositas y sigan riéndose de todos, al amparo de una excelente bolsa económica y de una pésima gestión de nuestro dinero. Quién la haya hecho que la pague como merece, porque el resto -quienes nada han tenido que ver con esto- no deben ser los que paguen las consecuencias y por supuesto, el pago de ese rescate al que -se dice- está sometido nuestro país desde hace escasos días. ¿Os es que al final los créditos, el dinero prestado, es gratuito?

¡Qué Dios nos coja confesados!

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