Jornada de campo

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Hoy he disfrutado una jornada laboral diferente a lo habitual y muy enriquecedora en lo profesional y en lo personal. Desgraciadamente el trabajo "de gabinete", mayoritario en mi profesión, me impide poder disfrutar con frecuencia de algunos bienes inmateriales que son fundamentales para emprender proyectos y actividades con cierta garantía de éxito. El diálogo directo con los emprendedores, con la gente de a pie en los pueblos, incluso con los propios compañeros en otro ambiente menos "hostil", fortalece y ayuda a ponerse las pilas en este complicado mundo de velocidades y de competición, donde apenas existen espacios para la reflexión y para la planificación.

Los que trabajamos en desarrollo rural sabemos de la importancia que tiene el patearse la calle, el recorrerse los pueblos y hablar con la gente. Es algo que se integra en el concepto de dinamización o animación territorial, pero que -por desgracia- y por la excesiva burocratización de los proyectos y procesos (en su mayoría financiados con fondos públicos) resulta muy difícil. Todo se somete de manera continua a fiscalizaciones y a férreos procesos administrativos que nos sumergen en una vorágine, en mi opinión demasiado peligrosa, que nos impide con demasiada frecuencia tomarle el pulso a la calle y poder conocer diagnósticos que sólo son detectados desde ese contacto cara a cara y a través de esa escucha en vivo que tanta información nos ofrece.

Llevo más de 15 años inmerso en estos menesteres y tengo que confesar que como en todas las facetas de la vida ha habido una evolución clara. En un principio la vocación y el compromiso firme, sin pensar demasiado en la responsabilidad, me hacía sumergirme en todos los charcos y ejercer con mucha intensidad esta implicación, gracias a la cual -junto a otras personas- creo se han logrado iconos importantes y cruciales para el desarrollo rural en Extremadura en general, y en la comarca de Villuercas Ibores Jara en particular. A esa fase, le siguió esa otra en la que el imperativo legal y normativo nos ha obligado a transformarnos en unos burócratas, que destinamos buena parte de nuestro tiempo en completar expedientes, reuniones, informes y otras tareas de oficina, que nos roban este tiempo de oro que necesitan nuestros potenciales clientes, los emprendedores. Me refiero al diálogo basado en el ánimo, la orientación y el impulso... pero sobre todo, en la implicación directa y en el acompañamiento casi personal. Digamos que la responsabilidad está por encima de la vocación y el compromiso, y eso hace que las prioridades se centren en cumplir estrictamente las normas y atender los requerimientos, en detrimento -claro está- de ese valor intangible que tanta relevancia tiene.

Espero que pronto se pueda alcanzar ese equilibrio, entre lo uno y lo otro, que me ayude a seguir evolucionando y a defender más firmemente, aquello en lo que vengo creyendo desde hace mucho tiempo.

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