Día de Europa


Hoy, como cada 9 de mayo y desde hace ya veintisiete años, se conmemora el llamado "día de Europa". Sinceramente no sé muy bien cuál es el sentido o los objetivos que se persiguen con este tipo de celebraciones, aunque imagino que es reivindicar el viejo espíritu de la Unión Europea, ese que tanta fragilidad ha demostrado y que sufre actualmente una clara crisis, además de económica, de valores y de compromisos.

Este año el lema, "Juntos, somos más fuertes" (que no es sino una vieja máxima ligada al cooperativismo y asociacionismo, que siempre usamos cuando pretendemos impulsar proyectos colectivos en los que la participación es fundamental) cobra sentido en un contexto europeo cuanto menos preocupante ante los acontecimientos que estamos viviendo y que tienen un fuerte componente de desencanto y distanciamiento de la ciudadanía con las instituciones europeas y con el aparato que componen las mismas, fundamentalmente por la debilidad económica y monetaria de la unión ante la crisis, que está azotando más en este continente que en otros, y que está generando desequilibrios territoriales de calado.

El documento denominado "Europa 2030" del que he hablado en anteriores ocasiones es revelador y también contundente. Su diagnóstico y tratamiento para el futuro de esta alianza -con importantes problemas estructurales- son bastante nítidos, y habla con conocimiento de causa de esa necesaria cooperación y unidad a la que se refiere el lema de este año, puesto a conciencia y con acierto por quienes hayan diseñado la campaña de 2012.

La política europea debe esta al lado de las necesidades de los ciudadanos, y fomentar su integración y participación, no sólo como meros beneficiarios de subvenciones o como administrados, sino como un componente fundamental para generar la confianza necesaria para conformar una unión de estados y también de ciudadanos/as, mediante la articulación de herramientas de comunicación y diálogo directo. Además, parece que se hace necesaria una mayor implicación y compromiso por parte de los estados miembros, sin exclusiones y con la participación equilibrada de todos. Son algunos pasos necesarios para conformar un continente con la suficiente entidad como para no tener que depender de terceros, y seguir creciendo en todos los aspectos posibles, pero sobre todo ofreciendo oportunidades a sus ciudadanos y garantizando la igualdad y el equilibrio entre personas y territorios.

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