El enemigo toma las calles

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Foto: www.elpais.com

Nuestro país está calentito y con él los ánimos de muchos ciudadanos. La crisis económica, la crisis de valores o la crisis de la política pueden derivar en un año de turbulencias y manifestaciones. Cuando la política camina en dirección opuesta a los intereses de las personas para atender a los intereses de las agencias de calificación y de los mercados llega la indignación, como ya empezó a comprobarse en el ya mítico 15M.

Al éxito de la marcha del pasado domingo contra la reforma laboral, se suman las condenas a la dura represión policial que ayer sufrieron los estudiantes en Valencia y otras muchas que se irán sucediendo. Por mucho que el gobierno afirme estar preparado o que esto formaba parte de lo esperado, nada más incómodo que la voz de la calle (el enemigo ), esa que tanto gritó en la transición y que históricamente logró conquistas fundamentales de nuestra democracia, y que hoy parecen estar en el límite de la línea roja que por nada del mundo deseamos se atraviese.

Está claro que ni con reformas ni con recortes van a lograr acallar las voces y la capacidad de respuesta que la izquierda (en los últimos meses muy dispersa y relajada) siempre ha tenido para combatir la violación de derechos y libertades fundamentales.

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