Los privilegios del tramposo

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Una vez más, y a raiz de la resolución de la Junta de Extremadura (perdón: Gobierno de Extremadura) sobre las becas escolares en el colegio en el que estudia mi hijo me vuelvo a indignar. No porque no se le haya concedido la ayuda correspondiente, pues obviamente el hecho (no sé si afortunado o desgraciado para algunas cosas) de tener todos los ingresos familiares perfectamente fiscalizados supone no cumplir con las exigencias contempladas en la legislación autonómica que regula este particular y por tanto, superar el nivel de renta estipulado para ello.

Resulta curioso como familias con recursos y posibles (en los pueblos nos conocemos todos y sabemos de qué pie cojeamos) suelen beneficiarse de estas ayudas, obviamente con artimañas y triquiñuelas que se le escapan a las administraciones y que perjudican seriamente las arcas públicas al servicio del bien común.

El caso de las becas no es aislado y existe todo un conglomerado de economía sumergida y de fraude en torno a otras muchas ayudas públicas, que suelen derivar en situaciones similares, y que enmascaran la realidad ante la ceguera pública posiblemente por falta de medios y recursos, pero también por falta de determinación y de articulación de medidas de control eficaces y eficientes.

Quiero dejar constancia de mi solidaridad y de mi contribución al estado de bienestar. Soy partidario de apoyar a quienes más lo necesitan (De hecho lo hago todos los meses con mi nómina) y quienes sufren las consecuencias de esta tremenda crisis. Pero, también soy partidario de que se arbitren sistemas de control que permitan determinar la realidad y el estatus de cada familia, que se investiguen a fondo sus bienes y sus posibles derivaciones o camuflajes.

No hay nada más indignante y desagradable que comprobar como quienes cotizamos y contribuimos al sostenimiento de ciertos mecanismos públicos del estado de bienestar (sanidad, educación...) nos vemos claramente perjudicados y "discriminados" ante este tipo de ayudas, a sabiendas de que algunos de los beneficiarios no son merecedores realmente de ello.

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