Elecciones en noviembre

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Ya es oficial, las elecciones generales se celebrarán el próximo 20 de noviembre, tal y como ya conocíamos. Lo que aún no es oficial ni siquiera está dado por hecho es que Mariano Rajoy sea el próximo Presidente del Gobierno, a pesar de su talante y su seguridad ante lo que se avecina, tal y como vimos y escuchamos ayer en su comparecencia ante los medios de comunicación . Está claro que la euforia de las últimas encuestas y los resultados electorales del pasado 22 de mayo parecen haberle otorgado ya al líder de la oposición la victoria en las urnas. Claro está, que simplemente "parece", porque a nadie se le escapa que aún queda tiempo para esa fecha, y el sentido del voto puede cambiar en cualquier momento, sobre todo cuando se conozcan las propuestas que unos y otros ofrecen, y la mayor o menor credibilidad que puedan tener los programas electorales que se presenten ante los/as ciudadanos/as, máxime en momentos de crisis y dificultades como los que vivimos.

A pesar de todo lo negro que se nos pinta a los socialistas y de que las encuestas parecen caminar en dirección contraria al optimismo, no podemos permanecer impasibles ante algunos indicios y algunas evidencias que deben hacernos reflexionar, y sobre todo deben movilizarnos, a pesar de los inconvenientes, de la polémica surgida en las listas de algunas provincias y de todo lo negativo que pudiera estar pasando en este histórico partido. Me refiero a las políticas de la derecha puestas en práctica ya en las regiones donde gobiernan, alejadas del estado de bienestar que este país disfruta merced a los avances socialistas, siempre bajo la premisa de la solidaridad, la igualdad y el equilibrio social. También se han cometido errores de los que se ha aprendido.

Creo que se les ve demasiado el plumero. La ciudadanía no debe dejarse llevar por las encuestas, la resignación o la pasividad. Con estas elecciones nos jugamos posiblemente mucho más que en otras. Nos jugamos un cambio de modelo económico que tenga en cuenta a los más débiles o no, que siga apostando por las inversiones sociales (educación, sanidad y bienestar social) o que aplique la tijera a base de privatizaciones (beneficiando a los más fuertes) y en definitiva, con nuestro voto (igual de válido que el resto) tenemos la oportunidad de poder elegir entre políticas, diametralmente opuestas (a las que algunos quieren interesadamente enterrar): unas, en una dirección (la izquierda) y otras, claramente hacia la derecha.

Resulta poco convincente y poco creíble como quien se ha limitado a aprovecharse del desgaste y el coraje de un gobierno ante una crisis de calado mundial, ahora pueda sacarnos adelante, porque además de que ya ha reconocido que no tiene la varita mágica (tampoco los políticos del PP allá donde han gobernado), sus políticas ya son de sobra conocidas y especialmente amplificadas en estos meses. Con lo cual, yo aplicaría eso de "Virgencita, que me quede como estoy".

Suerte y que gane el mejor.

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