El espíritu de Pescueza

Artículo que publica el número de agosto de la revista Aceña.

Con enorme satisfacción acepto el encargo de Cruz Díaz, para escribir algunas palabras en la revista “Aceña”, sobre el pueblo de Pescueza y sus gentes, imagino que con el ánimo de conocer una nueva visión, desde el exterior, sobre este pueblo del Valle del Alagón, y con ello contribuir a profundizar desde diferentes ópticas a su promoción y difusión.

Tengo que empezar afirmando que, anteriormente al año 2007 ignoraba completamente la existencia de un pueblo en Extremadura que se llamaba Pescueza. Comencé a tener noticias de su existencia cuando supe que el candidato a la alcaldía por el Partido Socialista había sido cura y que además tenía como yo un blog en el que escribía cosas interesantes. Empecé a conocerlo y finalmente tuve la oportunidad de pisar Pescueza, con mi familia, en la primavera de 2008 cuando participé en una jornada de convivencia entre amigos/as en el pueblo. En aquel entonces, ya tuve la ocasión de percibir e impregnarme en primera persona de algunos valores que en mi opinión atesora este rincón de Extremadura y que están estrechamente relacionados con la forma de ser y de compartir de sus vecinos/as. Me refiero a conceptos como hospitalidad, acogida, cercanía, que junto a otros como participación, unidad y cohesión, han situado a este pueblo en el centro de muchas miradas, de dentro y fuera de Extremadura, como la referencia, como el ejemplo a seguir en el desarrollo local y rural.

Parece evidente que todos los cambios que surgen en un momento determinado suelen estar motivados por algún elemento humano como no podría ser de otra forma. El liderazgo que José Vicente Granado ha ejercido en todo este proceso de transformación de Pescueza es –y seguirá siendo en el futuro- indiscutible. Tal consideración pueda parecer poco imparcial, por la amistad que nos une. Pero incluso abusando de ella es justo reconocer su papel de catalizador de un proceso de participación social o de democracia participativa que ha revolucionado en buena medida la manera de ejercer la política en este pueblo y que se ha convertido en un claro referente en el desarrollo rural, en esos modelos de crecimiento socioeconómico que se desarrollan especialmente por esa estrecha relación entre gobernantes y gobernados en beneficio de la comunidad y de su prosperidad. Justo es reconocer también la complicidad y confianza que los vecinos/as le han otorgado no sólo en las urnas sino también arrimando el hombro en la puesta en marcha de proyectos y actividades concretos, ampliamente reconocidos fuera del municipio como por ejemplo “El Festivalino”.

Los resultados de este proceso local de participación y de dinamismo colectivo, no llegan por casualidad, sino porque el componente humano –crucial en cualquier cambio- es decisivo para afrontar algunos retos que surgen de las necesidades, reconocidas y compartidas de manera asamblearia, y por tanto elevadas a objetivos comunes y a acciones y actividades a desarrollar con la complicidad de todos/as los/as ciudadanos/as. Evidentemente el pequeño tamaño y la estrecha relación entre sus vecinos/as, le ha permitido a Pescueza desarrollar este tipo de metodologías de participación con enfoque “De abajo hacia arriba”, reconocidas en Europa con las siglas LEADER, y que vienen a establecer mecanismos de gobierno inspirados en la cooperación, la alianza estratégica y sobre todo en la participación sin exclusión que genera un valor intangible, de difícil medición, que se fortalece de un modo especial en lugares como Pescueza.

Por mi experiencia en el desarrollo rural puedo afirmar sin temor a equivocarme que Pescueza atesora algunos de los valores singulares y en vías de extinción, que quizás necesitamos recuperar en nuestras zonas rurales para lograr alcanzar esa plena igualdad de oportunidades y acortamiento de distancias entre lo rural y lo urbano. Esos valores los he ido desglosando a lo largo de estas líneas, pero además debo añadir que nada de eso sería posible sin ese convencimiento, sin esa madurez de la comunidad de Pescueza, que les hace movilizarse para cualquier acontecimiento, sumar y no restar a la hora de abordar proyectos comunes y especialmente, arrimar el hombro por mantener intactas su cultura y tradiciones. Este esfuerzo colectivo para objetivos colectivos, ha posibilitado el nacimiento de una –sino nueva- si rejuvenecida filosofía de vida, que comienza a extenderse por Extremadura y que me gustaría denominar “El espíritu de Pescueza”.

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