El retorno del fuego

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Publicado en este mismo blog el día 23 de julio de 2009.

Esta noche se cumplen exactamente cuatro años del terrible incendio que asoló parte de Las Villuercas y que a punto estuvo de hacernos evacuar el pueblo de Guadalupe mientras que Picoagudo (Pico al oeste de Guadalupe) se batía con el fuego, impidiendo el paso de las llamas hacia la Puebla. Aquella noche expresé mis sentimientos en mi primer artículo para el periódico Extremadura, a raíz del cual fui invitado por la dirección como columnista y bloguero del grupo Zeta, y cuya relación se mantiene hoy.

De nuevo, casualmente por las mismas fechas, el monstruo del fuego, vuelve a acaparar la atención de los medios de comunicación, y la muerte se hace presente entre las personas que tienen el difícil papel de sofocar y apaciguar esas masas en plena ebullición que unidas a otros factores como el viento se tornan más contundentes y mortíferas. Parece ser que un mismo hilo conductor suele aparecer en todos ellos, o al menos en la mayoría: la acción directa de algún/a pirómano/a que siente un morbo especial por ello o recibe tan atractivas e importantes sumas de dinero que no dudan en prenderle fuego al monte, a pesar de las terribles consecuencias que siempre acaban teniendo los incendios en estas fechas del verano. A la hora de cierre de este post y según información recogida en la práctica totalidad de los diarios y periódicos del país los incendios que se mantienen en la Península son un os veinte, superándose ya con creces las cifras de superficie quemada con respecto a años anteriores.

A pesar de que los medios de lucha suelen ser cada temporada mejores, con mayor nivel tecnológico y de eficacia en la extinción, existe un factor crucial, muchas veces descuidado por parte de quienes tienen la responsabilidad directa de velar por él, llaménse agricultores, ganaderos, propietarios de fincas y montes. Todos los que nos metemos de cuando en cuando por el campo solemos apreciar el abandono y el descuido en el que están algunos espacios, conocemos las trabas burocráticas para la realización de operaciones selvícolas y la existencia de otros problemas que contribuyen al incremento del riesgo de fuego, generalmente en esta línea y que bien pudieran evitarse articulando programas específicos de incentivos para la limpieza de fincas, operaciones de desbroces, arreglos de caminos, etc., desde las diferentes Administraciones con competencias en la materia.


Todos los/as ciudadanos/as tenemos la responsabilidad de adoptar ciertas precauciones ante los incendios forestales, y por eso debemos tener especial cuidado con colillas, barbacoas, hogueras, etc., en nuestras salidas al campo. En cuestión de minutos el fuego se propaga sin que podamos hacer nada, sembrando destrucción y muerte allá por donde pasa. Desgraciadamente la historia se repite y poco a poco, vamos perdiendo biodiversidad y espacios singulares, que nuestros hijos jamás podrán conocer de la misma manera en que nosotros lo hicimos. Eso, además de la pérdida de vidas humanas, es lo lamentable.

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