El programa electoral

|

Estamos en plena campaña electoral y toca escribir sobre algo relacionado con ella. Hoy me centraré en ese documento llamado programa. Sobre los programas electorales con los que los partidos políticos concurren a unos comicios se han dicho muchas cosas. El socialista Enrique Tierno Galván, uno de los mejores alcaldes que ha dado la joven democracia española acuñó aquella frase de “los programas están para no cumplirlos”. Otros, muchos más radicales en el buen sentido de la palabra, como Anguita, hablaban de “Programa, programa, programa”, he incluso le he escuchado afirmar recientemente que para elaborar un programa de gobierno basta con cogerse la carta magna e intentar plasmar en medidas su contenido básico.

Posiblemente, la mayoría de las personas que votan por alguna sigla o persona concreta no se hayan leído con carácter previo a la emisión de su vota ni una mínima parte, aunque parece evidente admitir que el hecho de contar con algunos canales y medios más directos, como los vídeos, las redes sociales e internet, si acaban llegando al electorado una buena parte de las medidas concretas a modo de mensajes más o menos directos.

Llama poderosamente la atención como en un contexto económico como el que estamos viviendo en España -con una serie de dificultades de liquidez y financiación archiconocidas por la opinión pública- se tenga la osadía -quizás el desacierto o la provocación- de plasmar en un texto programático algunas milongas inviables, que más se acercan a una película de ciencia ficción, que a una cruda realidad que se nos viene encima, con algunas evidencias demasiado nítidas como para ignorarlas y pretender cautivar a la ciudadanía con proyectos, acciones o medidas insostenibles.

Yo comprendo que habrá quien pique en el anzuelo y lo respeto profundamente, pues por algo el voto es libre. Ahora bien, si realmente nos interesa el bien común, el futuro de una comunidad, de un pueblo, de un barrio, etc... debemos ser algo más críticos con aquello que se nos oferta, analizar con objetividad el conjunto y no una parte, y sobre todo ser realistas. Después, una vez que se dirime quien se gana la confianza del pueblo, también debemos ser exigentes con quienes nos gobiernan a la hora de cumplir sus promesas, independientemente de que individualmente le hayamos dado o no nuestra confianza. De ahí, la importancia que tiene el redactar y programar una serie de medidas electorales equilibradas y factibles.

0 comentarios :