Conciencia social sostenible

El desarrollo de los últimos acontecimientos en el mundo (revoluciones del mundo árabe y accidente nuclear en Japón) han de servirnos para aprender, y con ello activar de alguna manera las alarmas del consumo energético. Se me ocurre que es urgente y necesario empezar a plantear pequeñas alternativas locales que a escala global supongan un cambio de rumbo en cuanto a la gran dependencia que actualmente existe del petróleo y de la energía nuclear.

Puesto que las políticas energéticas de los estados no se organizan de un día para otro y requieren de un amplio consenso y regulación entre muchas partes, parece que hay un elemento interesante del que no se suele hablar o si se hace no con la atención y el nivel de amplificación que -en mi humilde opinión- se necesita. Me refiero al ahorro energético y las acciones que a nivel de nuestros hogares podemos hacer para mejorar la eficiencia energética y el consumo de algunos recursos como el agua, y que parecen haberse olvidado especialmente en estos momentos y cuando más necesitamos disponer de una conciencia individual-familiar de ahorro y de consumo responsable.

Hace algún tiempo participé en el denominado programa "Hogares Verdes", el cual de la noche a la mañana dejó de existir (probablemente porque se acabó la subvención para contratar a la persona que lo dinamizaba). No conozco muchas campañas de sensibilización en los colegios (no digo con ello que no existan) y en demasiadas ocasiones los padres miramos para otro lado, o tenemos demasiados quehaceres que no tenemos tiempo de contarles a nuestros hijos estas cosas, tan necesarias para crear esta conciencia social de consumo sostenible, responsable o como se le quiera llamar, de modo que no se hagan necesarios excesivos gastos energéticos y la demanda pueda ser satisfecha con ese flujo proveniente de las fuentes limpias.

Si no empezamos a currar en este asunto, por mucho que nos limiten la velocidad de conducción, nos suban el recibo de la luz y el gas, o nos obliguen a otras cosas, al final seguiremos pagando al precio que sea, hasta que la situación sea insostenible y los lamentos, vanos. Y lo más triste, que seguiremos dependiendo de este tipo de fuentes energéticas que generan muerte, guerras y conflictos en el mundo entero.

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