Tránsfugas

|

Una nueva polémica moción de censura en Extremadura (la enésima) ha vuelto a abrir el debate sobre esta práctica política. Resulta sumamente complejo -al menos a mi me lo parece- ejercer el doble papel de representante de todos/as los/as vecinos/as de un pueblo y de un determinado partido político, porque eso genera en determinados momentos conflictos muy profundos y serios, que desembocan en situaciones controvertidas y conflictivas que suelen poner "entre la espada y la pared" a quienes las sufren. En mi opinión el interés general de los/as ciudadanos/as siempre debe estar por encima de las siglas a las que uno representa, obviamente cuando haya causas mayores que impidan conjugar ambas cosas y que poderosamente signifiquen un beneficio colectivo para quienes de algún modo encomiendan determinada misión a través de las urnas.

Respeto profundamente las reglas del juego de la democracia y las herramientas que la ley de partidos y otros preceptos legales establecen para ejercer el gobierno, entre ellas la moción de censura. No es santo de mi devoción este tipo de prácticas legales como tampoco que la disciplina de partido se aplique en la misma medida a todos los casos y situaciones. Obviamente el concurrir a unas elecciones bajo unas siglas, o el disponer de un carné de un determinado partido tiene una responsabilidad y sobre todo un compromiso de respeto de unas normas internas. Ahora bien, cuando uno ejerce de Concejal en un Ayuntamiento determinado y en defensa de los intereses de la ciudadanía (eso al menos debería ser su máxima) ¿Qué establece como prioritario y preceptivo? ¿La disciplina interna de partido o la voz de la ciudadanía que cada día le aconseja y le dicta la dinámica a seguir ?

Difícil papeleta de nuevo para quienes tienen que velar por el equilibrio y el sosiego entre las filas socialistas, y sobre todo una nueva evidencia de que la ley de partidos o quizá los procesos de elección de los equipos de gobierno locales, siguen estando a años luz de lo que buena parte de la sociedad en algún momento siempre desearía: listas abiertas con personas que permitan una mayor pluralidad de ideas y quizás una mayor capacidad de consenso y concertación, valores cada vez más necesarios en la vida política.

Otra cosa bien distinta, es el cambio de chaqueta por intereses personales, enfrentamientos personales o rabietas, como suele acontecer en un buen número de casos. Ante este tipo de transfugismo tolerancia cero y menos en partidos con cierto prestigio.

2 comentarios :

Eduardo Plaza dijo...

Pues yo lo tengo muy claro:

La gente vota a los partidos, luego el acta de concejal es del partido, no del concejal. Quien acierta o se equivoca es el partido.

¿Cuantos alcaldes mantendrían su puesto si en vez de por el partido en el que están se presentasen de forma independiente?

La disciplina de partido puede ser incomprensible en ocasiones, pero es necesaria. Sigo prefiriendo este sistema al americano.

Felipe Sánchez dijo...

Gracias por tu opinión Eduardo.