La PAC podría cambiar de rumbo

Siempre me ha parecido injusto que unos pocos grandes terratenientes que suelen tener localizadas sus sedes sociales en determinadas áreas de la capital de España, se llevasen la mayor parte de las subvenciones europeas para la agricultura, y sobre todo que esa ingente cantidad de fondos públicos no repercutiesen directamente en las zonas en las que se ubican las fincas, a través de empleo, inversiones y otros valores añadidos similares. Todos los que vivimos en zonas rurales en las que existen este tipo de explotaciones agrarias (latifundios) sabemos de lo que estoy hablando e incluso le ponemos cara, nombre y apellidos.

Como dijese el mismísimo Emiliano Zapata "la tierra es para quien la trabaja". Ciertamente y con algunas distancias y connotaciones, es lo que ahora plantea la Unión Europea. Se trata de incentivar o primar a aquellos agricultores que están en activo (Los ATP) y frenar el flujo de fondos públicos a los grandes propietarios que no se han preocupado lo más mínimo de reforzar y hacer competitivas sus explotaciones, en muchos casos abandonadas o destinadas a otros usos no agrarios.

Ante este nuevo planteamiento solo puedo manifestar mi satisfacción y obviamente mi prudencia, pues en este tipo de negociaciones y en un estado tan inicial del proceso, aún no hay nada acordado, aunque se apunten buenas maneras en la dirección a la que hago referencia en esta línea. Espero que al final triunfe el sentido común y que independientemente de que la ayuda la sigan recibiendo los mismos (al fin y al cabo tienen el derecho de propiedad) estas estén condicionadas y moduladas en base a algunas cuestiones: obligatoriedad de generación de un determinado número de empleos, aplicación de prácticas agropecuarias respetuosas con el medio, la introducción del parámetro de trazabilidad y calidad en los productos, y sobre todo, un compromiso de sostenibilidad con el entorno rural en el que se ubican.

No estaría de más tampoco que en estos nuevos planteamientos, para después del 2014, se pensase en los polémicos márgenes comerciales y en la regulación de los precios, de modo que se acabase con la especulación y con los chanchullos que todos conocemos, y que sea también el agricultor el que se lleve la mayor tajada.

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