La historia interminable

Se acerca la recolección de la castaña en La Puebla, el apaño que llaman en la Sierra de Huelva. Y con ella comienzan a llegar a Las Villuercas mercaderes de la Península e incluso de Francia o de Italia. Cada año los/as agricultores/as se afanan en recoger con esmero y no poco esfuerzo el preciado fruto (tradicionalmente de los más cotizados)sin saber el destino que finalmente tenga y cada año se repite la vieja historia, esa que habla de infidelidades, de engaños y de desesperación.

Infidelidad al movimiento cooperativo que más que fortalecerse se debilita cuando -en el mejor de los casos- al patio de la cooperativa llega aquel género que no ha sido colocado a ese intermediario (el mejor postor) que nos ha ofrecido eso de "producto a un lado y perras a otro". Engaños al agricultor que cada campaña acaba renegando de la cooperativa y del precio que alcanza su producto cuando visita las grandes superficies para contemplar la diferencia abismal de precio. Desesperación porque es una vieja historia, interminable, que sigue repitiéndose cada año y que parece gustarles a sus protagonistas, sin que haya movimientos y presiones para cambiar las formas o al menos para intentarlo.

El negocio de la castaña existe. La calidad del fruto en comarcas como Las Villuercas está más que avalada. Si no fuese así no llegarían tantos pretendientes por estas fechas. La cuestión, como casi siempre, está en querer cambiar, en remar todos en la misma dirección y sobre todo, en no venderse por un plato de lentejas.

Hay que avanzar un paso más en la cadena de valor. Dirigir la mirada hacia la transformación o al menos en la tipificación del producto, y para ello nada más aconsejable que la unión de las pequeñas cooperativas de la zona abordando proyectos en común aprovechando las oportunidades que todavía siguen llegando de Bruselas. Si no dejamos de mirarnos el ombligo y empezamos a pensar en esta clave, mucho me temo que en poco tiempo un fruto tan preciado como este, acabará pudriéndose entre la hojarasca.

1 comentarios :

ElisaGeo dijo...

En Huelva se 'apañan' las castañas, y en Las Villuercas nos tenemos que APAÑAR con lo que quieran pagarnos.
¿Para qué formamos parte de una cooperativa sino se buscan buenos compradores?.
Y, lo más importante, nunca se sabe a qué precio nos las van a pagar, ni cuándo.
¡¿POR QUÉ NO SE HACE ALGO?!
Una persona sola alza la voz y el ruido de la criba, esa que hay en la cooperativa que te selecciona las castañas para ver cuánto más te pueden quitar del precio, ahoga tus gritos.
Me gustaría aprovechar este foro para que se alzara la voz; que todas aquellas personas a las que les dan ganas de llorar cuando ven a cuánto les han pagado sus castañas realmente 'se movieran'.

Una vecina de Guadalupe y socia de la cooperativa.