Mejorar la sanidad rural

Ayer comprobé, en primera persona y en carnes propias, la ventaja que supone vivir en una gran ciudad con respecto a un pueblo pequeño y en cuanto a asistencia sanitaria se refiere. No es la primera vez -ni será la última- que me refiero a este asunto, porque realmente y en función del tipo de patología, esto supone simplemente el tener un mayor porcentaje de vida o de muerte en muchos casos.

En lo que a mi particular anécdota se refiere, decir que un simple cólico nefrítico que me azotó estando en Cáceres, ha supuesto un exhaustivo informe médico con analíticas varias, radiografías, etc... algo impensable por ejemplo en el Centro de Salud de Guadalupe, donde me hubiesen inyectado algo y no hubiese habido tanta información como la que ayer, en cuestión de 3 horas en urgencias, derivó en un rápido diagnóstico y posterior tratamiento.

Obviamente, no quiero con este post cargar responsabilidad contra los profesionales de la sanidad, para mi impecables en ambos sitios. Se trata más bien de poner de manifiesto una vieja reivindicación y que ahora parece tener mucho sentido, pues cuando se habla de economía sostenible, de mejorar la gestión y la eficiencia en los servicios públicos. Me refiero a mi deseo, y el de todas las personas que vivimos en un pueblo como Guadalupe, a una hora de camino del Hospital más cercano (Navalmoral de la Mata o Don Benito-Villanueva), de contar con alguna especie de centro sanitario, a caballo entre Centro de Salud y de Hospital en toda regla. Un lugar más cercano que nos garantice las mismas prestaciones en situaciones de urgencia, y que no suponga discriminación sanitaria en función del lugar en el que uno vive. Quienes vivimos en un pueblo en estas circunstancias, sabemos bien lo que supone este handicap y soñamos con que , al menos para nuestros hijos y nietos, esto cambie.

No es que estemos abandonados, de hecho si fuese necesario un helicóptero de urgencias o la propia Unidad de Emergencias (UME), están a nuestra disposición, pero esto en mi opinión no es suficiente y pienso que quienes tienen la responsabilidad de gestionar y de proponer las políticas sanitarias tienen que ir pensando en ello. La Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural que permite la transversalidad de las políticas debe recabar en ello, al igual que otras políticas similares. Sólo así estaremos garantizando cierto éxito en la fijación de población y en dotarle a los pueblos de ese otro valor añadido, necesario para vivir y para caminar hacia esa plena igualdad, ciudad-pueblo, que tantas veces reivindicamos y que sumado al enorme potencial existente, serviría para afianzar un modelo de vida tradicional y a su vez moderno.

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