Fiesta de la cabra


Comprendo que las grandes ciudades ofrecen algunas ventajas con respecto a los pueblos, específicamente en lo que se refiere a aportación de masa poblacional, lo cual está estrechamente relacionado con el consumo y con el potencial mercado para cualquier producto.

Este sábado el Ayuntamiento de Mérida en colaboración con Slow Food Extremadura, organizan en connivencia con las asociaciones e entidades representativas del sector del caprino y el queso, la Fiesta de la Cabra, en la que además de degustar, comprar-vender y conocer, también se disfrutará de la cultura relacionada con esta especie.

Siento mucha envidia sana, y a su vez me duele un poco, que este tipo de eventos se organicen a tanta distancia del hábitat natural de las cabras y cabreros. Aunque comprendo el mayor impacto promocional que tiene sobre potenciales consumidores, me hubiese gustado que las zonas rurales se hubiesen llevado "el gato al agua" en este tema. Hace ya tiempo se lo comenté a algunos cabreros de la localidad de Navalvillar de Ibor: -"deberías organizar la fiesta del cabrero y luchar por tener un centro de interpretación de la cabra y la cultura asociada." Pues parece que esa idea compartida, al final no acaba de prosperar y hay quien, desde la ciudad, ya recoge el guante y le encuentra valor a este tipo de cosas, lo cual también es una excelente oportunidad para aprender y valorar si realmente puede ser interesante.

Obviamente la ventaja de núcleos de población grandes para cuestiones comerciales son ideales. Pero si dejamos a un lado esto, y nos centramos en algo -en mi opinión- más relevante como es el sostenimiento de una actividad y la concienciación del consumidor sobre los valores naturales, culturales, gastronómicos que se esconden en este producto, hemos de irnos al territorio. La fiesta de la cabra en las zonas rurales en las que se asienta sería una oportunidad "de oro" para dar a conocer las explotaciones, las queserías, el ingente acervo cultural ligado a la cultura pastoril y caprina, y todo lo que supone buscar alternativas a un sector muy castigado por la crisis. La constitución de reservas ganaderas con razas autóctonas (igual que otras protecciones ambientales), el apoyo a actividades de agroturismo (engloban el elemento productivo, comercial y cultural) y la diferenciación como marca territorial, podrían generar nuevos horizontes para los/as cabreros/as y excelentes oportunidades de diversificación económica para comarcas como Las Villuercas-Ibores, la Vera, Acehuche y el sur de Badajoz. Si a eso se le une el hecho de autenticidad que debe estar presente mediante la protección, la marca o el amparo administrativo necesario, las generaciones futuras seguirán disfrutando de esta especie y de todo el ciclo social y económico que la rodea.

Que conste que por algo hay que empezar y esto de la Fiesta de la Cabra es una buena noticia. Ahora bien, con sus matices.


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