Caminos equivocados

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Muchas veces me pregunto el por qué se pierde parte de la honestidad y dignidad humana cuando se pretenden defender las ideas políticas o los puntos de vista que cada cual tiene sobre un determinado tema, o sobre cómo ha de ser un determinado gobierno. Siempre creí que si para algo sirve la democracia y las instituciones políticas que se han creado en torno a ella es para librar con respeto y responsabilidad la defensa de los intereses comunes de los ciudadanos por encima de los particulares.

En mi opinión aquella política que se hace de espaldas al marco reglamentado y con un simple interés partidista, se aleja mucho de lo que los/as ciudadanos/as demandan y entienden apropiado para quienes les representan en gobiernos y oposiciones. Cuando se busca la herida personal del contrario, se pasa de lo público a lo personal, y se olvida con demasiada frecuencia el rumbo marcado de manera unánime por todos a través de las instituciones democráticas, estamos generando discordia innecesaria y nos adentramos en terrenos muy peligrosos para la convivencia ciudadana y para un desarrollo pleno del estado de derecho y de una sociedad más justa y solidaria.

No me extraña que en este contexto la política siga alejándose de la sociedad civil.

2 comentarios :

Felipe Sánchez dijo...

Dada la ambiguedad del artículo y las llamadas, mensajes y demás que he recibido, quiero aclarar que en este artículo critico a aquellos políticos y formaciones políticas que no dan la cara en los Parlamentos o Plenos municipales para hacer política y se dedican a ejercer la política desde la mentira, el engaño y la farándula del morbo y el paripé. Ejercer de oposición es a veces, tanto o mas importante que gobernar.

Felipe Sánchez dijo...

Quiero dejar claro que este post y posterior comentario no se dirige a nadie en particular, aunque alguien se ha sentido herido. Nada más lejos de la realidad. Yo, no he mencionado a nadie, ni a ninguna sigla o formación. Por tanto, son opiniones generales, que nadie tiene porque interpretar a su antojo, en aras de sus propios intereses.