Subsidio agrario en Extremadura

La clase política catalana ha vuelto a arremeter contra los intereses de Extremadura. A los históricos rifirrafes que Juan Carlos Rodríguez Ibarra tuvo con algunos dirigentes como Carod Rovira -o incluso con el propio Maragall - al que menciona en su libro "Rompiendo Cristales"- se suman los de la época actual con Laporta contra Vara, Lluis Suñé y ahora Duran i Lleida que pide la retirada del subsidio agrario para los/as peones/as del campo extremeño y andaluz.

Parece mentira que un político de una Comunidad, la Catalana, que se ha forjado en buena parte gracias al esfuerzo de algunos/as jornaleros/as, y de otras clases sociales, que tuvieron que dejar Extremadura y Andalucía para emigrar allí, afirme semejantes sandeces, sin tener en cuenta algunas correspondencias históricas que los/as extremeños/as también hemos venido realizando de nuestros impuestos y tributos al Estado, y que han ido a parar a solucionar algunos problemas industriales de las áreas metropolitanas de las ciudades más importantes de esa región, como es ampliamente conocido por todos/as.

La ineficacia demostrada en la gestión política para asuntos y problemas autóctonos en Cataluña, no tiene que ser la excusa para arremeter contra las regiones "históricamente pobres" y mayoritariamente agrarias, que necesitan algún tipo de subsidio para mantener intacta cierta actividad, ya de por sí muy afectada por otras cuestiones de tipo económico, como los márgenes comerciales, la falta de dignificación de la profesión y el relevo generacional.

Soy hijo de jornalera. Mi madre, una extremeña con cinco hijos a su cargo, ejerció esta profesión con dignidad y no con poco esfuerzo. Trabajaba lo que la ley le marcaba (60 peonadas por entonces) y muchas más que no sonaban en ningún sitio, porque el contexto social y empresarial así lo establecía y solo se regía por el "o lo tomas o lo dejas". Como extremeño, con sangre jornalera, me indigna que alguien pueda poner en duda esta necesaria y justificada fórmula de apoyo al empleo en el mundo rural extremeño, y en zonas desfavorecidas en las que la agricultura es la única alternativa posible, o al menos la más accesible para colectivos sensibles como las mujeres.

Otra cosa bien distinta es que tengamos que controlar su aplicación, como en todas las subvenciones se hace, o debamos cambiar algunas normas que pueden mejorar la gestión de las ayudas. De ahí, a fulminar estos incentivos, creo que necesarios para zonas agrarias que se mantienen en cierto modo por este tipo de políticas, creo que hay un abismo.

No puedo dejar de lado un concepto que para mi es sinónimo de político. Me refiero a la coherencia. Para ser coherente hay que mantener una misma línea en todo momento, y con carácter general. Si Duran i LLeida cree que hay que rebajar o incluso extinguir las subvenciones que lo pida para todas las regiones por igual, incluida Cataluña, porque no olvidemos que todas las regiones españolas , absolutamente todas, reciben apoyo o ayudas para la realización de planes de reconversión, recolocación o políticas similares, con el objeto de mantener vivo algún sector económico estratégico o con fuerte impacto en el empleo, como pueda ser la agricultura en Extremadura.

Recordar que los fondos AEPSA (Acuerdo para el Empleo y la Protección Social Agraria) se destinan a jornales reales, no ficticios. Que no se crea nadie que los/as ciudadanos/as que reciben estas ayudas lo hacen sin trabajar, o simplemente inscribiéndose en una lista.

¡Ya nos gustaría a los/as extremeños/as recibir las mismas subvenciones que recibe Cataluña del Estado!

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