Garzón hace historia

Estoy convencido de que los acontecimientos que estos días se desarrollan con respecto a la suspensión del juez Baltasar Garzón por pretender investigar los crímenes del franquismo en España, van a constituir uno de los hitos más relevantes de la joven democracia española. El pensar que dos colectivos tan vinculados a la causa que pretendía esclarecer el magistrado, puedan sentarle en el banquillo, me provoca cierto pavor e incluso repugnacia.

No tengo -al menos no tengo conocimiento de ello- a ningún familiar directo o antepasado enterrado en una fosa común, cuneta o en el fondo de alguna mina. Pero si así fuese no descansaría hasta que no se le diese cristiana sepultura y sus restos descansasen de manera digna. El revuelo que en todo este tiempo se está formando no obedece -como pretenden hacernos creer algunos- a venganzas, a represalias o ansias de ello. En mi opinión de la misma manera que en otras partes del mundo, algunos dictadores como Hitler, Pinochet y otros, han sido investigados y condenados por crímenes contra la humanidad, el por qué en un país maduro como el nuestro, aún no se han salvado algunos temas tabúes y hay quien se empeña en seguir ocultando la historia, bloqueando a cualquier precio cualquier iniciativa que al respecto se pretende poner en marcha, y usando para ello un poder judicial politizado y muy lejos de ser lo que los/as ciudadanos/as esperamos sea.

Quienes se aferran a la idea de que hay que olvidar, hay que pasar página o simplemente ignorar, porque se amenaza al orden social y constitucional, pretenden sembrar la confusión y la dispersión de lo que fue la historia negra de este país. La Ley de la Memoria Histórica aprobada por el gobierno a finales de la legislatura anterior recoge en cierto modo el sentir de muchas personas, una demanda histórica que necesita mayor contundencia si cabe por parte de los poderes públicos y que encuentra en este episodio un transcendental momento para su aplicación.


El desenlace de todo esto puede estar cerca o quizás se dilate en el tiempo. En cualquier caso, como ciudadanos demócratas no debemos permanecer de brazos cruzados, siendo cómplices con el silencio de un atropello a nuestra dignidad democrática, ajenos a un secuestro a mano armada del estado de derecho. Al menos desde la opinión libre y el derecho que al respecto nos ampara, porque muchos/as de los/as que fueron masacrados/as ni siquiera pudieron expresarse.

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