Tras el pacto de estado

Una cosa que siempre tuve clara es que desde que Zapatero accedió en su segunda legislatura al gobierno de España, iba a tener que utilizar el diálogo como ruta de viaje. Algo obvio cuando no se dispone de la mayoría suficiente para caminar en solitario y en ocasiones, tal y como se está desmotrando en el País Vasco, una interesante fórmula para transformar una realidad y emprender nuevas aventuras políticas en beneficio de los/as ciudadanos/as para los que se gobierna.

Todos exigimos -cada vez más- a nuestros políticos la cercanía, la empatía y el ponerse a nuestro lado para afrontar nuestros problemas. Su solución - pensamos- depende en buena medida de los gobiernos en cualquier ámbito (local, regional, estatal y comunitario) y eso, para poder llevarase a afecto en toda su dimensión, necesita de un compromiso firme y sobre todo de una desvinculación de estrategias electoralistas y de intereses inspirados en esa obsesiva manera de ejercer la política, basada en los resultados electorales y en objetivos tendentes a arrebatarle al adversario más directos los votos necesarios. Este es sin duda el mayor handicap con el que se encuentra el ofrecimiento del gobierno de España al resto de fuerzas políticas para llegar a un gran acuerdo, pacto o unidad, ante los problemas sociales y económicos que comienzan a ser graves en nuestro país. Especialmente, porque la segunda fuerza política no se implicará con determinación y responsabilidad.

Parece lógico que a nivel político es el primer paso que debe darse, tal y como se ha hecho con el nombramiento de una Comisión Interministerial. Esta volverá a ser un motivo más de discordia y de rifi-rafe entre el principal partido de la oposición y del gobierno. Aún en ese contexto, se presenta como una oportunidad de la clase política española para demostrar al ciudadano en qué bando están y cuáles son los intereses que realmente les mueven, los partidistas o los que la calle demandan. Si además, en este proceso -espero rápido, firme y sin tapujos- se cuenta con la participación de todos/as los/as ciudadanos/as, mediante consultas, aportaciones, sumas, cooperación, etc., el éxito estará garantizado y los resultados obtenidos serán radicalmente más favorables.

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