Esperando la reforma

Todos/as los trabajadores/as, parados/as y población activa de este país -he incluso muchos jóvenes- están pendientes del Consejo de Ministros del próximo viernes, en el que teóricamente se debe aprobar la reforma laboral y del sistema de pensiones que Zapatero anunció hace unos días y que no nos ha gustado demasiado, posiblemente porque desconocemos con profundidad su contenido, pero sobre todo porque todo cambio siempre supone cierta reticiencia, y más cuando no pinta muy bien para la clase trabajadora a la cual pertenecemos muchas personas, y que como casi siempre solemos ser los más perjudicados/as en este tipo de acciones gubernamentales.

Nos situamos en un contexto realmente desfavorable para muchas personas. La cifra récord que estos días nos ofrecían las estadísticas, independientemente de todos los matices y argumentos que se quieran formular en pro de "alguna justificación"- parecen haber puesto en situación de emergencia extrema al gobierno, que quiere abordar de lleno este problema derivado de otros problemas (crisis financiera, burbuja inmobiliaria...) y que al final acaba fastidiando a los/as trabajadores/as, y no a los bancos, ni a los directivos de multinacionales (muchos de ellos ex altos cargos), ni a ese grupo de ciudadanos/as con ciertos privilegios con respecto al resto. Entiendo que un partido como el Partido Socialista Obrero Español no puede fallar a los ciudadanos y por ello, confío en que se tenga en cuenta, por encima de todo, los intereses de los trabajadores.

Y ante esta nueva situación yo me quiero preguntar si realmente la reforma planteada, en los términos en que parece ser va a ponerse en marcha va a suponer una mejora sustancial en el mercado de trabajo y en la recuperación del empleo, que es lo que por encima de ninguna otra interpretación procede. Sinceramente me preocupan algunas cuestiones que tienen que ver con la relación empresa-trabajador, estrechamente vinculadas con las contrataciones, las cotizaciones a la Seguridad Social e incluso el control del ingente fraude que sigue campando a sus anchas a lo largo y ancho de nuestro país. Todo es manifiestamente mejorable y por eso hay que afrontar con cierta determinación algunas decisiones políticas.

Lo que parece claro y obvio es que algo está fallando en el sistema, que hemos de abordar importantes cambios de mejora, pero siempre desde una pausada y meditada reflexión, política y social, y nunca de manera improvisada o precipitada como "da la impresión" se ha hecho, desconozco por qué motivos. Hay que ser valientes y en ello aplaudo al gobierno, pero con mucho tacto, con diálogo y en los marcos adecuados. En toda esta necesaria transición hace falta conocer en profundidad los detalles, formular un diagnóstico exhaustivo y después tomar las decisiones que mejor se adapten a la realidad económica y social de nuestro país, realizando cuantas reformas sean necesarias por la sostenibilidad y fortalecimiento de nuestro sistema, sin dejar atrás conquistas sobre derechos fundamentales, especialmente para los/as trabajadores/as.

Me preocupa -y mucho- que los/as trabajadores/as sigamos pagando el pato del fracaso del sistema financiero, que los/as ciudadanos/as de bien, o al menos los/as que trabajamos dignamente (un gran privilegio en los tiempos actuales) seamos los/as perjudicados/as de una crisis brutal provocada por los bancos y por algunas empresas con nombre y apellidos, que siguen engordando sus beneficios a costa nuestra.

El viernes, día 5 de febrero, puede encenderse la chispa de la movilización en la calle, o quizás se abra la puerta a la esperanza, al retorno del camino a la negociación y al diálogo que mediante la conciliación y el consenso marque un rumbo distinto para la clase trabajadora, para los/as más débiles, que necesitan -ahora más que nunca - el consuelo y el amparo de un gobierno progresista. Yo, confío plenamente en el gobierno y deseo que como -en otras cuestiones anteriores que inicialmente generaron polémica y rechazo- al final todos nos sintamos más tranquilos por nuestro futuro y el de nuestros hijos.

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