Reflexión sobre una jornada singular

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Acaba de subir mi mujer de tirar la basura y el comentario que me hace sobre el estado de saturación (especialmente por cartón y plástico)de los contenedores -fundamentalmente el de color verde porque el amarillo y el azul al menos en nuestro barrio no existen- es evidente, estableciéndose una estrecha relación entre la generosidad y bonanza con la que -un año más -los Reyes Magos de Oriente han tratado a nuestros/as pequeños/as. Y no cabe duda de que la crisis económica, desgraciadamente existe para quien la padece directa o indirectamente, para el resto, el que más y el que menos mantiene vivas ciertas tradiciones navideñas, ligadas al consumismo y al no privarse de ciertos "caprichos".

Un servidor no está libre de pecado y participa activamente en la fiesta. No sé muy bien por qué, aunque deduzco que psicológicamente uno lleva dentro ciertas deudas en lo personal que parecen saldarse con esta generosidad para con nuestros retoños. Lo que uno no tuvo o quizás no obtuvo, parece encontrar ahora la excusa perfecta para su realización y ejecución. Supongo que eran tiempos diferentes, o a buen seguro sociedades con ciertos contrastes con respecto a los tiempos que corren y quienes vivieron aquella etapa supongo lo compartirán.

En cualquier caso, es lo que toca y la realidad en la que hemos de movernos, pues todo cambia y todo evoluciona. Simplemente, hemos de adaptarnos y concienciarnos, porque no queda otra y ojalá podamos ser cómplices de esta tradición durante muchos años más, porque os puedo asegurar que jamás se vive esto con tanta intensidad y emoción como cuando uno ejerce de padre y se sumerge en esa magia que rodea a la noche de reyes. Lo demás, incluso resulta banal y lo realmente importante es verle la cara a tu hijo/a, saborerar el entusiasmo que exhibe y disfrutar esa fantasía impregnada de ignorancia e inocencia que todos/as alguna vez poseímos y que observamos reflejada en ellos/as.

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