De las palabras a los hechos


El pasado 29 de junio, el Presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, decía en su intervención con motivo del debate sobre la orientación de la política de la Junta de Extremadura lo siguiente: "...Propongo, me propongo y les propongo alcanzar un gran pacto social y político de reformas por Extremadura, por su desarrollo, por el empleo, por la protección social, por la cohesión territorial, por la distribución adecuada del esfuerzo y de sus resultados...".

Ayer, algo más de cinco meses después, lo que eran palabras bien sonantes y enmarcadas en un discurso institucional -con las dificultades que eso supone a veces de interpretación y de resolución- se han convertido en una realidad, tal y como el propio Guillermo reconoce y nos explica en su blog.

En ocasiones no resulta fácil -ni mucho menos- conformar el marco de diálogo adecuado para sellar un acuerdo en torno a una cuestión concreta. Si además el contexto es de por sí confuso y adverso (actualmente vivimos un periodo de recesión económica y de dificultades sociales, con problemas muy garves como el paro, la falta de financiación...) parece que lograr un punto de encuentro entre intereses a priori dispares, resulta complejo y casi inalcanzable. Pues bien, a pesar de las dificultades y de las turbulencias que azotan a la sociedad actual, en Extremadura se ha logrado firmar este pacto político y social por Extremadura, que han suscrito los sindicatos más representativos (CCOO y UGT), la Patronal y el gobierno regional. Sin duda un buen ejemplo a transferir a otras regiones del país.

Una veintena de medidas, que también son públicas y accesibles para todos/as, entre ellas la creación del Observatorio para el desarrollo rural y otras tantas, que vienen a reforzar las políticas sociales del gobierno socialista de Vara y que parecen despejar, al menos sobre el papel, el horizonte político-social de esta región, la extremeña, que no se resigna a cruzarse de brazos.

Lo más llamativo de todo y quizá lo que lo haga diferente y claramente innovador, con respecto a otros acuerdos sellados en la historia de la democracia, es el carácter abierto que se le otorga. Para ello se ha optado -en mi opinión con mucho acierto- por ampliar este pacto a la ciudadanía, ofreciéndonos la oportunidad de aportar ideas y de que todos arrimemos el hombro y podamos remar en la misma dirección. Obviamente estamos asistiendo a un cambio radical, o quizás no tanto, de modelo productivo en el que los ciudadanos empezamos a tener el peso que realmente tenemos. Y cuando digo ciudadanos no me refiero a cada uno de nosotros, de manera individual y anónima -que también- sino a nuestra capacidad de generar sinergias y modelos de cooperación que generan interesantes aportaciones, que cualquier político de fondo y no de velocidad, debe manejar con extrema delicadeza. Como pienso y defiendo que Guillermo es un político de fondo, observo que es consciente de ello, y de ahí su implicación y compromiso.

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