Camino de vuelta a casa

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Por mucho que pretendan justificar cualquier muerte de cualquier soldado español en misión "de paz" no alcanzo a comprender que significa eso. Desgraciadamente la muerte de un joven español en uno de los polvorines del mundo, Afganistán, ha vuelto a ser triste noticia y mucho me temo que seguiremos recogiendo cadáveres mientras no asumamos con cierto compromiso el retirar nuestros efectivos de todos los lugares del mundo. Sí, ya sé que tal y como está el mundo, eso se presume ciertamente complicado o quizá sencillamente sea una quimera en un mundo globalizado de alianzas y de estrategias militares al servicio de las naciones.

Entiendo que hay muchos militares a los que dar de comer, muchos jòvenes soldados que - con el reclamo del ascenso, de un viaje al extranjero o de mantener un puesto de trabajo fijo para toda la vida, sin hacer demasiado- son llamados a filas y embarcados en misiones de alto riesgo.

Que conste que hice la mili, en uno de los cuerpos de élite de la Marina y no me arrepiento de haberla hecho, entre otras cosas porque sería absurdo, después de que en su día optase por esta alternativa, teniendo otras o incluso la objeción de conciencia. Con el paso de los años uno va siendo más consciente de muchas cosas de las que allí vivía y sobre todo del poco sentido que tiene asumir riesgos innecesarios, por el mero hecho de complacer al vecino o al amigo.

Si la guerra de Iraq aún nos sigue pesando como una losa, si accidentes como el Yak-42 aún nos siguen removiendo las entrañas y si de verdad queremos vivir en paz y en libertad, dejémonos de defender causas ajenas y de mandar a nuestros compatriotas a misiones vanas, que solo generan gastos y de cuando en cuando, muertes inocentes .

Las medallas y banderas envolviendo cadáveres, los funerales de estado vendiendo unidad y patriotismo no sirven de nada. Lo único razonable, al menos a mi corto entender, y sin conocer nada de los acuerdos internacionales que nuestro país pueda tener, es que todos vuelvan a casa, y se dediquen a ayudar en tareas verdaderamente humanitarias, que también se pueden hacer en casa. Aún tenemos tiempo de reaccionar y de retomar el camino de vuelta a casa.

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