El diálogo social se rompe

Dice el profesor Luis Puchol en su libro sobre la negociación que "empresa y trabajadores son dos amigos que no pueden verse y dos enemigos que no pueden vivir el uno sin el otro". Realmente esto es una gran verdad y bien podría constituir un dogma para quienes tienen la responsabilidad de alcanzar acuerdos en este ámbito. Me refiero indudablemente a sindicatos y a patronal, y específicamente al fracaso que según parece ha resultado ser el diálogo social que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha querido impulsar, como un elemento fundamental para paliar en gran medida los efectos más graves de la crisis, entre los que se encuentra la destrucción de empleo y la pérdida de tejido empresarial.

La comida que Díaz Ferrán con algunos dirigentes del Partido Popular , justo antes de una de las reuniones importantes, marcó a mi juicio el deterioro progresivo de esta negociación y la postura de intransigencia que han venido defendiendo de manera radical. Como bien ha dicho Carlos Carnicero por mucho que nos empeñemos en enterrar las clases sociales, están siguen muy vivas y hay quienes siguen pretendiedo salir a flote a costa de perjudicar a los más débiles. Los niveles de rebajas de cuotas a la Seguridad Social que plantea la CEOE son inasumibles para cualquier gobierno, pero especialmente para un ejecutivo que defiende la igualdad y la solidaridad entre ciudadanos/as - así como el estado de bienestar- como principios básicos de su acción política. Sería en mi opinión un suicidio y una venta del sistema al mejor postor, en este caso a las empresas, el ceder a estas exigencias. Además, si se hubiesen admitido las condiciones de abaratamiento del despido e incluso la plena libertad para hacerlo, no quiero ni pensar que hubiera pasado con miles de trabajadores y trabajadoras. En este caso, como en otros, la sensatez, la responsabilidad y la madurez han posibilitado una retirada a tiempo, de lo que hubiese supuesto una nueva huelga general en el país y un monumental retroceso social.

Lástima que los empresarios no hayan aprovechado la mano tendida del gobierno y que al final esto haya acabado como el rosario de la aurora, ante la mirada perpleja de unos sindicatos que , poco o nada podían hacer ante la avalancha de despropósitos que los empresarios lanzaban con no muy buenas intenciones.

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