Contratos en regla

De nada nos sirven los derechos reconocidos en artículo 4º de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, cuando no existe una relación contractual entre empleado y empleador. Muchos intuimos que esta práctica ilícita y fraudulenta forma parte de la cotidianeidad, y del día a día de un buen número de empresas de todos los sectores y en cualquier rincón de nuestro país. El caso del inmigrante boliviano Franns Rilles ha sido sin duda un exponente más de esta fórmula de explotación laboral que si bien no está normalizada (porque obviamente todo lo que no está fuera de ley no debe tener dicha consideración), al menos si se encuadra en una situación más o menos frecuente, que contribuye de manera notable al incremento de las listas del paro.

Muchos hemos sido cómplices de esta irregular fórmula de trabajo. Yo mismo, alguna vez trabajé sin contrato en el sector de la hostelería e imagino que muchas personas lo han hecho, sin tener en cuenta la importancia que tiene estar como se dice popularmente “en regla” y las repercusiones que el hecho de no estarlo acarrea, como se ha puesto de manifiesto en el caso de la panadería de Valencia, que además nos muestra la cara más triste de la inmigración ilegal y de la vulneración de algunos de los más elementales derechos humanos.

La solución de este tipo de situaciones no es nada fácil. Parece que la presión y persecución del fraude por parte de la autoridad laboral es un camino adecuado, pero con demasiadas fisuras y dudas sobre su aplicación. Más bien se trata de un problema de concienciación social y de compromiso, específicamente de quienes sufren de manera directa la explotación. Algo complejo que necesita de mucha osadía y de un apoyo desinteresado por parte de los sindicatos y colectivos afines a los trabajadores. Es realmente vergonzoso que se le pueda dejar tirado a nadie con un brazo amputado a la puerta del hospital y que se sigan aprovechando las debilidades y desesperaciones de muchas personas para enriquecerse a su costa.

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