Mantener el espíritu de Chicago

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La mayoría de los trabajadores y trabajadoras de hoy día, gozamos de unos derechos conquistados a lo largo de la historia, como son el disfrutar de una jornada laboral concreta, vacaciones, fines de semana libres, derechos sociales, etcétera. Fue hace 113 años, cuando en los acontecimientos surgidos en Chicago, conocidos como la revuelta de Haymarket, acaedidos el 4 de mayo de 1886, comenzó a forjarse la celebración del Primero de Mayo. Aquel día sucedieron unos hechos que acabaron condenando a ocho obreros anarquistas socialistas, se dice que de manera manipulada y malintencionada. Aquellos obreros convertidos por la historia en "Los Mártires de Chicago" provocaron que en el Congreso Obrero Socialista de París en el año 1889, se acordase celebrar el Primero de Mayo como la fiesta o Día Internacional de los trabajadores, extendido a la práctica totalidad de los países, exceptuando Reino Unido, Estados Unidos y el principado de Andorra.

Desgraciadamente la crisis económica que azota a todos los países del mundo, está provocando una serie de efectos negativos, sobre todo en los más débiles y a personas con escasa cualificación profesional, casi siempre los primeros en ser despedidos de las empresas. Todo se complica especialmente en coyunturas como la que vivimos en la actualidad. Sin embargo, el clamor y el espíritu de Chicago es fundamental para que desde las organizaciones sindicales se ejerzan cuantas medidas y acciones sean necesarias para no perder el horizonte del estado de bienestar y de derechos sociales que tanto han costado conquistar . Por eso, cuando hace algunos días leía las recetas que el que fuera presidente del gobierno, José María Aznar, nos daba para salir de la crisis me eché a temblar, porque ese tipo de opiniones y de manera de hacer política fue la que provocó la famosa huelga general del 20 de junio de 2002 (Si no recuerdo mal) y la que nos sitúa en cierto modo en aquellos años a los que me refería al comienzo. Si preguntásemos a los trabajadores y trabajadoras, quiénes estarían dispuestos a volver a atrás, me temo que la mayoría no, como así se demostró en aquella gran huelga, la última que se ha realizado en este país, ante las propuestas de un gobierno anclado en la ideología conservadora que buena parte de la sociedad no comparte.

Es verdad que los ciudadanos y ciudadanas exigimos a los sindicatos una mayor presión y preocupación por los problemas que en estos momentos tenemos, e incluso hemos abogado por una mayor confrontación. Sin embargo, pensándolo con más aplomo pienso que es más eficaz el diálogo social y la negociación, máxime cuando el gobierno es receptivo y abierto al mantenimiento de una política cercana a empresarios y sindicatos. Tal y como se está haciendo con algún éxito en Madrid y por supuesto en Mérida.

Por tanto, mis reivindicaciones personales para este primero de mayo son:

- Atención a los trabajadores y trabajadores que mayor grado de desprotección tienen a raiz de la crisis económica.
- Mantener las políticas activas de empleo, mediante el impulso de planes específicos para sectores en riesgo, con acciones de formación e inserción dirigidas.
- Apostar por el diálogo social como herramienta permanente de consenso y articulación de medidas.
- Descartar medidas retrógradas que han demostrado un fracaso y una absoluta vulneración de aquellos derechos adquiridos en el último siglo.




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