Triunfo del consumidor frente al abuso

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El otro día escuchaba en un programa de radio que los españoles somos de los ciudadanos europeos que menos solemos reclamar por cuestiones relacionadas con la adquisición de productos y servicios. Somos excesivamente conformistas, creo yo que fundamentalmente debido a que pensamos que de antemano nuestras quejas van a ser desatendidas o al menos tenemos muy pocas opciones de que prosperen con éxito.Yo que por naturaleza he sido inconformista siempre y perseverante en mis intentos de reclamar justicia en asuntos de este tipo, me indigno cuando sucede algo similar. Recuerdo alguna reclamación presentada a una empresa de muebles que pretendió darnos gato por liebre, así como una indemnización de daños y perjuicios a la Junta de Extremadura cuando una cierva se cruzó conmigo una mañana de otoño, mientras me dirijía al trabajo.Ambas fueron atendidas después de mucho esfuerzo y no menos cabezonería por mi parte, afortunadamente con éxito.

Los últimos casos acaecidos demuestran que los consumidores comenzamos a tener peso en este país, gracias sobre todo a las asociaciones de consumidores que multiplican sus quejas de manera espectacular con la crisis. Fruto de este frente es la denuncia que telefónica ha tenido por el apagón que hace algunos meses tuvo en Extremadura y sobre todo, la noticia que hoy hemos conocido de que las eléctricas tendrán que refacturar y rectificar los famosos errores de los meses de diciembre, enero y lo que emitan en febrero, y además todo por cuenta suya. Sin duda un éxito de los consumidores, una buena gestión de la Administración Autonómica en este asunto y un varapalo para esas multinacionales que se creen las dueñas del mundo y abusan de esa poca cultura de la protesta y la reclamación, la cual espero y deseo comience a ser mayoritaria y generalizada entre quienes padecemos en mayor o menor medida este tipo de estafas, engaños o fraudes.


1 comentarios :

Paco Centeno dijo...

Tenemos un cierto pudor malentendido, quizás por la costumbre heredada, que nos impide reclamar. Lo que sí veo es que las nuevas generaciones no lo tienen, son más exigentes.
Un abrazo