Treinta años de Constitución

Tenía yo nueve añitos recién cumplidos y poco recuerdo de aquel día y de los que le precedieron. Dicen que la aprobación de la Constitución Española de 1978, cuyo treinta cumpleaños se celebra hoy, fue todo un ejemplo de unidad, de solidaridad y de consenso político, máxime cuando se trataba de construir un puente que uniese un sistema autoritario y dictatorial, con un régimen basado en los derechos y libertades de los ciudadanos, más abierto y tolerante. Tengo que confesar que no puedo emitir juicio comparativo entre ambos lados del puente, pues más bien solo conozco la orilla de la democracia, y a decir verdad, como ciudadano he de confesar que me siento orgulloso del sistema, integrado y con la libertad que necesito. Esta opinión se fundamenta en la propia experiencia como ciudadano y comparándome con otras personas que viven en otros territorios menos afortunados y más sometidos, inspirados o con un alto contenido de valores más propios de la época pasada, que en España -reitero de manera afortunada- supimos superar.

Está claro que después de una treintena de años la sociedad, el contexto del país y el surgimiento de nuevas realidades e identidades territoriales, genera, y es lógico, un nuevo debate nacional, que se plantea la reforma del texto original de 1978 en algunos aspectos como pueda ser la financiación autonómica, el estado de las autonomías, la libertad religiosa o la propia Corona. Dicen que la Carta Magna española es de las más completas del mundo, pero es obvio que la perfección no existe y que a medida que un sistema político -en este caso el democrático- madura debe de hacer frente a nuevas situaciones y a nueva necesidades surgidas, fruto de esa evolución. Un testigo directo de esta transformación, que contribuyó a la redacción del texto, el socialista Alfonso Guerra, nos lo recuerda hoy en una interesante entrevista en el diario El País, donde habla de esos importantes retos, así como de los riesgos que acaso suponga el abrir el melón de las reformas. Ilustrativa son también las palabras de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, autor de un ensayo reciente sobre su vida política, "Rompiendo Cristales" que comenzaré a leer en los próximos días. Dice Ibarra, tal y como nos recuerda Manuel Rico en su blog que las fuerzas políticas que sellaron el pacto constitucional han cambiado sus ambiciones, refiriéndose a la izquierda como la única que se ha mantenido en sus pretensiones (renuncia de república y colectivismo), mientras que la derecha y los nacionalismos siguen sin renunciar a los autoritarismos, la primera; y a las autodeterminaciones los segundos. En mi opinión ni tanto ni tan calvo, y todo es discutible en virtud del momento y de muchos intereres del ámbito político.

En cualquier caso, parece evidente la necesaria metamorfosis de un texto y unas reglas de juego con treinta años de vida , sencillamente porque en ese tiempo cambian muchas cosas con un sistema democrático que permite precisamente la evolución de las personas, la innovación y la creatividad, y en definitiva la maduración de los derechos y libertades. Los próximos años son por tanto cruciales para marcar un nuevo periodo constitucional. Otra cuestión es que la historia nos regale la oportunidad de poder contar con un grupo de líderes políticos que sean capaces - junto con una ciudadanía concienciada y con capacidad de reflexión y con miras de futuro- de reformar un texto sin enfrentamientos y sin fisuras, tal y como se hizo entonces. Ese es sin duda el nuevo escenario que nuestra joven democracia necesita para seguir avanzando hacia la plena igualdad entre los ciudadanos, sin renunciar al paternalismo necesario del Estado. Algo complejo en lo que todos habremos de arrimar el hombro.

1 comentarios :

BOLETÍN INFORMATIVO DE CADALSO dijo...

Somos quintos compañera.

Yo también 9 añitos. Tercero de la antigua EGB. Sí. Me acuerdo.

Salud y respeto

http://psoecadalso.blogspot.com/