La desafiante reunión del G-8

Tengo que confesar que la foto y pose ante las cámaras que protagonizaron los líderes europeos del denominado G-8 en días pasados me ha sentado fatal, sobre todo porque se ignoró completamente a nuestro país y se nos dejó en un mal lugar, cara a la Unión Europea y a las políticas de unidad que en su seno han de potenciarse. Todos los que de alguna manera formamos parte de un grupo humano, de algún colectivo en torno a objetivos comunes, nos molesta enormemente que se hagan corrillos y se cuchicheé a nuestras espaldas. Me imagino que Zapatero habrá sentido lo mismo, y no es para menos. Comprendo que el hecho de que España no pertenezca a este grupo sea motivo más que suficiente para no haber sido convocada al encuentro, pero en mi opinión desde el país vecino han tenido poca visión diplomática y muy poco tino político, ya que aunque hubiera sido sólo como invitado y a sabiendas del interés del presidente del gobierno de España por las alianzas estratégicas entre países y su impulso a notables proyectos en este sentido, debería haber estado allí.

El ridículo de nuestro país en este montaje en torno al G-8, en esta reunión estratégica en la que presuntamente han determinado la puesta en marcha de medidas de lucha contra la situación económica actual, ha sido manifiesto y mayúsculo. No se puede comprender que en una reunión de países europeos, independientemente de que tengan o no el carné del G-8, España haya estado ausente. Alguien tendrá la responsabilidad de ello, y alguien tendrá que dar explicaciones, en público o privado, porque lo sucedido ha sido gravísimo para los intereses de Europa y para las relaciones exteriores de nuestro país con las de los países del grupo de privilegio, en nombre de quien afirman haber actuado, a buen seguro para no tener que dar explicaciones de ello a otros países de la Europa "unida", entre ellos a España.

Lo mismo han debido pensar los responsables de la diplomacia española, pues parece ser que el viernes Zapatero viajará a París y se entrevistará con Sarkozy, imagino que para limar asperezas y para darle un tirón de orejas al primer ministro galo, porque el hecho acaecido no es plato de gusto para ningún político, y menos cuando existe una estrecha colaboración en muchos campos. Espero que al final, se aclare lo sucedido, y no se vuelva a cometer un error tan garrafal como el que se ha producido.


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