Fortalecer el papel de las mujeres

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No esperéis que os hable de la crisis y de todo lo que en las últimas semanas se dice en torno a ella. Tengo que confesar que comienzo a estar empachado de las diferentes noticias sobre la economía y aunque estoy inquieto como cualquier ciudadano me siento un tanto aturdido, y prefiero ir cerrando página, mis páginas a hablar de semejante cuestión.

Esta tarde me he quedado solo en casa. No suelo hacerlo pues aprovecho los fines de semana para estar con los míos en ella. La cuestión es que después de leer algunas noticias en los medios digitales de hoy, y ser hoy el día mundial del cáncer de mama (muchas mujeres lo sufren en silencio), me vienen a la cabeza una serie de reflexiones en torno a la mujer y el papel que realmente desempeña en la sociedad, así como el valor que los hombres, en términos generales, solemos otorgarle, casi siempre por debajo de lo que realmente representan.

La mujer hoy, a pesar de las leyes y preceptos aprobados en los últimos tiempos al respecto, sigue siendo un factor de riesgo y un claro elemento de debilidad y marginación a todos los niveles, por mucho que se nos llene la boca en decir lo contrario. El papel histórico que se las ha asignado las mantiene sumidas en una cierta dependencia, casi innata, que las vincula de manera estrecha con algunos roles estereotipados, como son a responsabilidad casi exclusiva para con los hijos en los primeros años de vida, un papel secundario en la toma de decisiones, una debilidad física para todo y un plano inferior al del sexo contrario en muchas cuestiones de tipo laboral, empresarial, etc.

El hecho de que cada vez con mayor insistencia se hable de conciliación de la vida familiar y laboral no es un capricho del gobierno de turno. Es una necesidad imperiosa de que la mujer rompa esas barreras, a veces no deseadas otras asumidas, que la impiden estar a la altura del hombre, por ejemplo en tener las mismas opciones ante un puesto de responsabilidad, o simplemente para poder tomarse la tarde del domingo libre para ir donde de apetezca, de la misma manera que muchos hombres lo hacen, sin preocuparse en absoluto de los vástagos, por entender que es responsabilidad exclusiva de ellas, o peor aún: porque no está dispuesto a ceder ni un ápice y renunciar a nada.

Está claro que en todo esto de la igualdad influye mucho la madurez de la persona e incluso el nivel cultural de cada cual, pero existe una necesidad urgente para comenzar a cambiar el chip a quienes aún viven sumergidos en la estructura familiar de hace décadas. Hoy todo es diferente, y el concepto de igualdad debe estar muy presente en la familia, con mayor contundencia que en la propia sociedad, pues al fin y al cabo, esta se nutre de aquella y en gran medida lo que sucede en la una afecta a la otra. Por eso pienso que la mejor manera de contribuir a dignificar a la mujer, a ayudarla a crear ese espacio históricamente perdido es contribuir con el compromiso y la responsabilidad que ello supone.La educación en la igualdad de nuestros hijos, la comprensión y la empatía con ellas, nos hará más libres y también más justos. Sólo así, entre otras cosas, evitaríamos que por ejemplo en Extremadura, 1.835 mujeres se encuentren en riesgo por violencia de género.

Seamos más tolerantes y comencemos a ponernos las pilas, porque ellas nos necesitan de la misma manera que nosotros a ellas.

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