Los compañeros de la mili

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Después de que se suprimiese la milicia obligatoria, las nuevas generaciones no habrán tenido la oportunidad de experimentar lo que aquella vivencia suponía para quienes tuvimos que cumplirla. A mi me tocaron 9 meses, y realmente se superó bastante bien, con alguna que otra anécdota negativa, pero sí con un balance general aceptable.

Ayer casualmente y yo diría que de manera insólita me topé con uno de mis compañeros de guardias y de batallas en la Base Naval de Rota (Cádiz), que pasaba por Guadalupe a disfrutar de los festejos taurinos, y que llevaba sin ver unos diez años. Realmente como se suele decir "el mundo es un pañuelo" y sobre todo es una caja de sorpresas, agradables como en este caso, y otras veces no tanto.

Es obvio que no entramos al trapo con los recuerdos, pues su pareja (una chica del vecino pueblo de la Calera) tampoco tenía porque aguantar el chaparrón y máxime cuando ya se sabe lo que sucede cuando dos amigos de la mili se reencuentran. En definitiva lo que quería poner sobre la mesa con estas palabras era la reivindicación de esos valores de unidad, amistad y de solidaridad que solían forjarse cuando las personas jóvenes que allí éramos convocados compartíamos vivencias, sacrificios y también momentos dulces. La mayoría de las personas que pasaron por esta experiencia tienen alguna historia que contar, algún amigo al que recordar y en muchos casos un deseo de reencontrarse con él, a veces sin ninguna posibilidad.

De todos aquellos compañeros, ya le había perdido la pista a Montero y mira por donde, vete a saber por intercesión de quien o cómo, al final hemos vuelto a vernos.

1 comentarios :

Paco Centeno dijo...

Hola Felipe,
Yo pasé una mili aceptable en el hospital militar Gómez Ulla de Madrid, sin servicios de 24 horas, en una oficina y pasilleando por los laboratorios (los militares no saben para qué servimos los biólogos). Me alegré enormemente cuando terminé (un año, que para aliviarme llamo el año que me becó el Ministerio de Defensa) y más aún me alegré cuando desapareció porque no son esos los valores que trataron de inculcarme. Los que yo aprendí allí fueron los del mínimo esfuerzo, desmotivación, deslealtad y malas prácticas laborales.
Esos valores de los que tu hablas, los aprenden hoy los chavales en los campamentos, en los voluntariados o en los intercambios de idiomas yéndose a otros países.
Un abrazo